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Afganistán: 20 años después

por Rodrigo Tisnés

‘’También el tiempo sufría tropiezos y accidentes, y podía por tanto astillarse y dejar en un cuarto una fracción eternizada’’.

La frase, genial como muchas que hay desparramadas a lo largo de la obra, corresponde a Cien años de soledad. Con ella, García Márquez daba cuenta de la idea del tiempo cíclico, en vez de la flecha que avanza en una sola dirección, que es lo que solemos imaginar cuando pensamos en el tiempo y su avance inexorable de pasado hacia futuro.

Me acordé de ella porque hoy, 11 de setiembre de 2021, fecha marcada en rojo en los calendarios, se cumplen 20 años del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York.

El atentado contra las torres es uno de esos pocos hechos, que por impactantes, permite decir a uno con total certeza que se encontraba haciendo en el momento que sucedió. El mundo en general fue un espectador atónito de cómo un avión primero, y luego otro, se estrellaban contra una torre y luego la otra, sin entender absolutamente nada en aquel momento. Claro que cuando el segundo avión se estrelló, se descartó cualquier posibilidad de un accidente. Se estaba frente a un atentado terrorista.

El hecho, perpetrado con una eficaz simplicidad (el secuestro de dos aviones para ser usados como bombas) fue llevado a cabo por integrantes de la red terrorista Al Qaeda, quienes eran protegidos por el gobierno liderado por el movimiento talibán en Afganistán.

Inmediatamente ese olvidado y empobrecido país del centro de Asia, pero ubicado en un punto geográfico vital, se volvió el epicentro del Mundo. El gobierno de Estados Unidos no demoró mucho en exigirle a los talibanes la entrega de Osama Bin Laden y otros dirigentes de Al Qaeda, a lo que éstos se negaron. De este modo se conformó una coalición internacional que resolvió la invasión del país, para capturar a miembros de Al Qaeda y derrocar al gobierno talibán.

Cabe recordar que los talibanes habían sido antiguos aliados de Estados Unidos. En 1979, la por entonces ya esclerosada Unión Soviética, decidió invadir el país para defender al gobierno afgano revolucionario (léase: pro-soviético) de un grupo de milicianos pro-islamistas. Basado en el razonamiento ultra-simple de que ‘’el enemigo de mi enemigo, necesariamente debe ser mi amigo’’, los gobiernos norteamericanos se dedicaron a armar y financiar a estos guerreros muyaidines. En 1989 los soviéticos se retiran definitivamente del país, y pronto, estos muyaidines se hicieron con el control del país, al que no demoraron en convertir en una suerte de estado islámico medieval, cobijando a todo tipo de movimientos pro-islamistas y anti-occidentales.

En resumen: luego de los atentados del 11S, la comunidad internacional reaccionó a dosis iguales con miedo y rabia. 10 años después de la desaparición de la Unión Soviética y de lo que algunos aspirantes a profetas habían calificado como ‘’fin de la Historia’’, el mundo Occidental se daba cuenta que la Historia seguía su curso, y existían otras ideologías y movimientos que cuestionan, se oponen, incluso con mayor furor, con más saña, al modelo occidental. Ni siquiera al capitalismo; sino a los valores democráticos, al concepto de Derechos Humanos universales, a la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Si bien los talibanes fueron rápidamente derrotados y desalojados de Kabul, la capital. Pronto se reorganizaron en una guerra de guerrillas y se hicieron fuertes en determinadas zonas del país.

Mientras tanto, los intentos de las fuerzas de la OTAN por dotar de cierta ‘’normalidad’’ a la vida institucional del país, fracasaron una tras otra, cada vez con mayor contundencia. Entran aquí, no solo profundas diferencias culturales, sino el papel que juegan los llamados ‘’Señores de la Guerra’’ caudillos regionales, opuestos a los talibanes, pero con no muchas más convicciones democráticas. De hecho, parte de sus negocios se encuentra en el tráfico de la amapola, que se usa para hacer opio.

A todo esto debe agregarse la propia degradación ética de los aliados occidentales. Al día de hoy, el gobierno de Estados Unidos mantiene presos en la base de Guantánamo, a unos 40 hombres, supuestamente integrantes de Al Qaeda o de los talibanes. Son 40 personas que hace casi 20 están presos, sin que nunca se les haya iniciado un juicio, sin que siquiera se les haya iniciado una causa penal en su contra. O sea, al igual que el personaje de Kafka: se encuentran presos sin saber de qué se los acusa ni tener derecho a la defensa de un abogado. Esto no pasa en la Venezuela de Maduro, ni está pasando en Cuba. Está sucediendo en Estados Unidos.

La invasión y ocupación de Afgansitán se prolongó durante casi 20 años. Veinte años en los que las fuerzas aliadas fueron menguando. No sólo por el desgaste de mantener tropas en un país lejano, con un movimiento de resistencia que de vez en cuando costaba bajas, sino porque además implicaba destinar importantes recursos logísticos y económicos a una operación en un país, que hace tiempo parece fallido.

El mes pasado se retiraron las últimas tropas norteamericanas, dando por terminada la penúltima guerra de Afganistán. ¿Saben quienes se hicieron con el poder? Sus viejos aliados talibanes. Los mismos que han estado combatiendo los pasados 20 años.

Si tendría razón García Márquez.

1 Comentario

Anónimo 14 de septiembre de 2021 - 16:07

Excelente análisis. Felicitaciones!!!

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