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Algún día como el de hoy: 11 de octubre

por Damián Muñiz

Ocupación a la Isla Martin García/ Timoteo Domínguez (1838)

Antes de hablar de la ocupación, debemos ponernos en contexto desde el descubrimiento de la isla y su soberanía en aquellos años. La isla se hallaba en el área que charrúas y guaraníes chandules y fue descubierta por europeos en la expedición de Juan Díaz de Solís en 1516. Debe su nombre al despensero de la expedición, Martín García, quien murió a bordo y su cadáver fue sepultado en la isla. Ese desembarco fue el primero fehacientemente comprobado que europeos produjeron en territorio de la actual Argentina. Posteriormente la isla fue disputada permanentemente por España y Portugal debido a su estratégica posición en medio del cauce principal del río y como puerta de entrada a sus principales tributarios, los ríos Paraná y Uruguay.

En 1826, durante la guerra del Brasil, fue ocupada brevemente por las fuerzas brasileñas y liberada nuevamente por Brown, quien la artilló.

Durante el Bloqueo francés al Río de la Plata contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas en la provincia de Buenos Aires, Martín García fue atacada y tomada un día como el de hoy por fuerzas francesas coaligadas con el Partido Colorado de Uruguay y el Partido Unitario argentino, produciéndose el Combate de Martín García. La isla fue devuelta en noviembre de 1840. Posteriormente fue ocupada por fuerzas de Montevideo aliadas a los unitarios exiliados. En 1843 fue recuperada por las tropas federales de Rosas, pero en septiembre de 1845 Giuseppe Garibaldi la reconquistó para Montevideo.

A cambio del reconocimiento de la soberanía argentina sobre la isla Martín García, Argentina debió reconocer la soberanía uruguaya de la isla Timoteo Domínguez, un banco aluvional hoy ya adosado al borde norte de Martín García.​ La solución adoptada, si bien no conformó a ninguna de las partes, permitió llegar a una fórmula de mal menor, en el límite de lo aceptable para ambas.

Conquista del Desierto o el Genocidio Indígena (1878)

Hacia la década de 1870 el conflicto entre argentinos e indígenas se hizo más agudo, debido al lento avance de la línea de frontera por parte del estado argentino y la instalación de nuevos fortines, así como por los ataques masivos o malones que los indígenas cometían contra los fortines, estancias y poblados argentinos. Por otra parte, la organización en Argentina de una economía agroexportadora para proveer de alimentos a Inglaterra y en especial la invención del frigorífico, impulsó a los estancieros organizados en la Sociedad Rural Argentina creada en 1866 a promover la ocupación efectiva de las tierras consideradas el desierto.

Después de que Adolfo Alsina muriera en 1877, el general Julio Argentino Roca fue nombrado nuevo ministro de Guerra por el presidente Avellaneda. Roca se había opuesto a la Zanja de Alsina calificándola de «disparate».

En contraste con su antecesor Alsina, Roca creía que la única solución contra la amenaza de los indígenas era subyugarlos, expulsarlos, o asimilarlos, porque la política de contención en las fronteras no había dado resultados satisfactorios.

El general Roca presentó su proyecto de realizar una serie de incursiones militares llamadas en su conjunto «conquista del desierto» que se llevarían a cabo con una conjunción entre fuerzas militares nacionales, más guerreros de las tribus aliadas.

El 19 de octubre de 1875 Roca le manifiesta al presidente Avellaneda su propuesta militar, utilizando por primera vez la palabra “extinción”.

Desde un día como el de hoy, pero de 1878, hasta el año 1885, se llevó adelante esa campaña militar, en la cual, Argentina, conquistó grandes extensiones de territorio que se encontraban en poder de pueblos originarios, también referidos como tribus desde el bando del Estado,​ pampa, ranquel, mapuche y tehuelche. Se incorporó al control efectivo de la República Argentina una amplia zona de la región pampeana y de la Patagonia​ que hasta ese momento estaba dominada por los pueblos indígenas. Éstos, sometidos, sufrieron la aculturación, la pérdida de sus tierras y su identidad al ser deportados por la fuerza a reservas indias, museos o trasladados para servir como mano de obra forzada.

La tradicional posición oficial argentina sostuvo que se trató de una gesta militar legítima respecto de la efectiva soberanía de la República sobre territorios heredados del Imperio español​ que respondió a las matanzas y robos perpetuados por los malones indígenas sobre la frontera. Contra esa postura oficial, algunos políticos y periodistas de la época, denunciaron lo que consideraron un crimen de lesa humanidad cometido por el Ejército Argentino.

La posición de las comunidades mapuche, tehuelche y ranquel sostiene que se trató de una invasión ilegítima de los huincas argentinos sobre territorios ancestrales ocupados.

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