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Carolina V. Garber – Lowbrow autóctono

por Diario El Este

En el departamento de Maldonado, en un rincón de la Ruta 104, entre árboles de eucaliptos y hongos silvestres, existe un hermoso taller donde una artista crea un mundo maravilloso con el uso del óleo y del pincel. Aquí, decenas de niños con una mirada muy dulce pero a su vez inquietante nos observan como buscando comunicarse con nosotros. En sus manos, a menudo llevan algún objeto icónico que identifica la energía del zodiaco canalizada por Carolina V. Garber al pintarlos.

Carolina (@caro_ga) es ilustradora, tarotista y astróloga, además de diseñadora de moda, pintora y madre de tres. En su vocación creativa ella aprendió a integrar todos sus conocimientos en su obra para concebir un estilo totalmente único. “No me gusta desperdiciar nada”, me dice Carolina, y se ríe al explicarme que además de los óleos y pinceles, sus conocimientos son la otra caja de herramientas a la que acude para crear su estilo personal de arte.

La primera vez que Carolina aprendió a combinar su experiencia fue al crear el mazo “El Tarot del Saber” en 2008, que fue y sigue siendo un éxito de ventas. Este mazo que integra la ilustración y el saber ocultista con toda la dedicación del mundo dio como resultado un producto muy especial que le dejó claro que estaba yendo por el camino correcto. En esta técnica de integrar todos sus conocimientos, Garber encontró una manera holística de trabajar, en la que se puede sumergir completamente, y una fuente infinita de inspiración.

Carolina V. Garber se identifica principalmente con la obra del norteamericano Mark Ryden. Pero lo curioso es que ella ya había adoptado un estilo con elementos muy parecidos a los de Ryden antes de dar con su trabajo. Las semejanzas son clarísimas: ambos crean personajes que parecen ser de un cuento fantástico y ambos incorporan símbolos esotéricos que dan pistas sobre el mundo que habitan. Sus niños comparten rasgos caricaturescos que nos recuerdan a los juguetes más kitsch de nuestra infancia, pero esto puede ser un estigma. El surrealismo pop, movimiento al que pertenece Mark Ryden, es un movimiento alevosamente marginado de la historia del arte por su peculiaridad de trabajar con “dibujitos” demasiado relacionados con las formas de entretenimiento como para ser considerados arte mayor. Además, el orgulloso uso de elementos kitsch y sus conexiones con la contracultura contribuyeron a que el surrealismo pop fuera dejado de lado del currículum de historia del arte.

El surrealismo pop y el lowbrow son dos nombres para una vanguardia surgida en California al final de los sesenta, integrada por ilustradores amantes de los autos antiguos de carrera. Robert Williams era el líder de la banda; un verdadero provocateur, un artista del que ninguno de nosotros escuchó hablar jamás, pero cuyo trabajo -en algún momento- todos hemos visto. WIilliams era un personaje demasiado ordinario para el mainstream, era de clase obrera, e ilustraba los flyers de las carreras de Hot Rods y tapas de discos de música rock.

A lo largo de la de década del setenta y de los ochenta, a pesar de la imponente y creciente obra de Robert Williams y de sus colegas, la escena lowbrow continuaba siendo rechazada por el circuito de las galerías por su estigma de “ilustradores”, a pesar de que su dedicación al oficio era en ocasiones mucho mayor que la de los artistas exaltados por críticos y museos. Cansado de ser considerado un artista menor, Williams fundó la revista Juxtapoz en 1994, originalmente para darle un espacio a los artistas excluidos como él. Hoy en día Juxtapoz es una de las revistas de arte más importantes del mundo, con mayor circulación, y de las más consagradoras de artistas incipientes.

De hecho, fue Robert Williams quien descubrió a Mark Ryden y lo catapultó a la fama al incluirlo en la tapa una publicación de Juxtapoz de 1994. La carrera de Mark Ryden inaugura el segundo periodo del lowbrow, al que se identifica más comúnmente como “surrealismo pop”. Ya con la ayuda de Juxtapoz y de la primera camada de artistas lowbrow, Ryden y otros artistas de su camada, como por ejemplo su mujer, Marion Peck, pudieron dedicarse a expandir el universo pictórico al que ellos se dedican ya sin tanta resistencia, y el trabajo de Ryden fue celebrado con exposiciones individuales en galerías de alto perfil en Los Ángeles, Nueva York y en otras ciudades del mundo.

Una retrospectiva sobre Mark Rydnen publicada por Taschen llegó un día a las manos de Carolina y para ella se convirtió en un tesoro invaluable. Me muestra las ilustraciones del libro completamente maravillada. Los artistas lowbrow siempre buscan explorar universos que existen en nuestro subconsciente, y por eso al ver sus obras nos viene una sensación de déjà vu. Mark Ryden y Marion Peck acceden al subconsciente mediante nuestras pesadillas, y la obra más reciente de Carolina está comenzando a tomar un tinte similar.

En uno de sus cuadros más recientes, se ve un nido donde una niña y un niño con cresta emergen de unos huevos con sellos de encomiendas frustradas por la crisis del CoViD-19. Otro aun más reciente contiene a los doce niños representantes de los doce signos del zodiaco que Carolina pintó durante el periodo de cuarentena, y los muestra interactuando en un terreno similar a los del Bosco.

Es increíble que en las costas del Río de la Plata haya surgido de manera espontánea un estilo tan parecido al del movimiento norteamericano, pero se dio de manera completamente orgánica. Ella fue haciendo su recorrido y todas las condiciones se fueron dando para que tengamos lo que representa en el Este Carolina V. Garber: un caso de lowbrow nativo, totalmente autóctono.

Por:  Iván Martínez Autin

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