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Contradicciones

por Rodrigo Tisnés

Por Rodrigo Tisnés
Cuba está ardiendo hace días en protestas no vistas en casi 30 años, y eso ha disparado reacciones de todo tipo en Uruguay y otras partes de Latinoamérica. Reacciones de condena cerrada y de defensa a ultranza. Esto se debe a que Cuba, como hace sesenta años, y tal vez hoy más que nunca, deja al descubierto un sinfín de contradicciones:
1) Cuba es una dictadura. Negarlo lo mismo que hacerse trampas jugando al solitario. No puede ser nunca una democracia un Estado en el que sólo existe un partido político legal.
2) En Cuba se han violado y se violan Derechos Humanos. Se violan derechos políticos y civiles cuando se reprime con violencia manifestaciones y marchas, cuando se censura Internet, cuando se coarta la libertad de expresión y de prensa, cuando se encarcelaba y reprimían minorías sexuales, cuando se encarcelan opositores políticos sin pruebas ni órdenes judiciales, y cuando los juicios son simpes puestas en escena.
3) China también es una dictadura. Tiene el mismo sistema de partido único que Cuba. El Partido Comunista Chino gobierna el país con puño de hierro desde hace más de 70 años.
4) En China se violan y se han violado sistemáticamente los Derechos Humanos. Posiblemente en forma más despiadada y rigurosa que en Cuba.
5) El Partido Nacional, que condena la reciente represión gubernamental en Cuba, saluda muy cordialmente al gobernante Partido Comunista Chino en ocasión de cumplir su centésimo aniversario.
6) Estados Unidos hace décadas mantiene una relación de creciente interdependencia comercial con China. Y si bien de vez en cuando le llama la atención por sus violaciones a los Derechos Humanos, comparada con su política hacia Cuba, es apenas un tironcito de orejas.
7) Ni que hablar que ya es política institucionalizada que los gobiernos norteamericanos hagan la vista gorda con el régimen feudal de Arabia Saudita y sus sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos.
8) ¿Saben los lectores que hay un país en América que hace casi veinte años mantiene presas a unas 40 personas, sin que nunca las haya formalizado por ningún delito? Son 40 presos que nunca han sido llevados ante Juez y no tienen idea porque están presos. Tampoco se les ha dado el derecho a que se defiendan ante una Corte por medio de un abogado. ¿Puede ser considerado democrático un país que viola de forma tan grosera uno de los principios del Estado de Derecho, como es el de ser llevado ante Juez y tener un juicio justo? Ese país no es Cuba. Tampoco Venezuela, ni una república bananera del trópico…
Cuba genera contradicciones en la izquierda, o en la mayor parte de la izquierda, porque fue el primer puñetazo bien dado, contundente, en el rostro prepotente de la gran potencia regional y mundial. La revolución cubana fue un desafío directo al país que había re-colonizado, mediante dominación económica e intervenciones militares, a la mayoría de los países centroamericanos convirtiéndolos en su ‘’patio trasero’’. De hecho, los intereses de la United Fruit, la compañía bananera, eran tan poderosos en la región, que de ahí deriva el término ‘’república bananera’’.
Y si Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador eran el patio trasero, Cuba directamente era una extensión de la Península de Florida. O un puente entre el continente y Puerto Rico.
La misma independencia cubana es muy relativa, ya que la intervención norteamericana fue central para lograrla. Y le impuso condiciones humillantes por el favor. En la Constitución cubana de la época estuvo vigente un anexo conocido como Enmienda Platt, que habilitaba la intervención de Estados Unidos en asuntos internos de Cuba, cuando consideraran que afectaba intereses propios. O sea: legalizaba una tutela político-militar sobre el nuevo estado.
De esa situación de tutelaje, y de la dictadura de Batista, es que viene el germen de la revolución de aquellos jóvenes barbudos, liderados por las figuras carismáticas de Fidel Castro, el ‘’Che’’ Guevara y Camilo Cienfuegos. En el contexto de la Guerra Fría, y con el antecedente de la política norteamericana en Cuba y toda la región (en 1951 la CIA ayudó a derrocar el gobierno de Arbenz en Guatemala) pronto los revolucionarios cubanos se sumaron al bloque soviético, como forma de protección a la contra-revolución animada por la potencia cercana. Además de protección, Cuba cambió el tutelaje yanqui por el soviético. Al menos hasta 1991.
En la derecha, históricamente mucho más crítica hacia Cuba y su revolución, por dictadura y comunista, la contradicción se encuentra en el pragmatismo con que hoy en día se abrazan y hacen negocios con China, sin que parezca importar demasiado la situación de violación a los Derechos Humanos en ese país, ni que se trate de una dictadura comunista.
Cosa que sí parece molestar mucho en el caso de Cuba.
Tal vez sea una cuestión de cercanía o afinidad. Los chinos son un pueblo milenario y extraño para nosotros. Pero me parece profundamente contradictorio esgrimirlo como argumento para justificar por qué con Cuba se es tan crítico y tan liviano con China. ¿O es que los Derechos Humanos son menos humanos y universales para los chinos que para los cubanos? ¿Y para los saudíes? ¿Qué hay de los haitianos? ¿De los miles de africanos que se arriesgan a cruzar el Mediterráneo en balsas tan precarias como las de los cubanos?
Cuba no es mi modelo. Ni político ni de sociedad. Pero también me genera contradicciones.
Por un lado, porque deseo que el pueblo cubano, algún día, más pronto que tarde, pueda disfrutar de las mismas libertades que tenemos nosotros acá, que las damos por seguras, a pesar que sabemos la agonía y el dolor que nos costó recuperarlas. El pluripartidismo podrá no ser más que una ‘’pluriporquería’’, pero lo prefiero a la ‘’uniporquería’’.
Mientras que por otro lado, no olvido que enfrente se encuentra una potencia mundial, la cual -salvo en el gobierno de Obama, el único momento en que intentó normalizar las relaciones entre ambas naciones- sigue ambicionando recuperar el control/dominio sobre esa isla que considera una extensión natural de su territorio. A esto se suma la existencia en Miami de una nutrida colonia de exiliados que muchas veces parecen tener un rencor visceral y un revanchismo enfermizo hacia la patria que dicen añorar.
Lo que no me genera contradicción alguna es el deseo que los cubanos puedan resolver sus problemas, por una vez y para siempre, sin intervenciones ni tutelajes de ningún tipo. Nunca más.


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