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¿Cuál es la felicidad que perdura?

por Claudio Maria Dominguez

Claudio María Domínguez
Sabemos que los pensamientos buenos o positivos nos hacen sentir bien y que por el contrario, los pensamientos malos o negativos, nos hacen sentir mal. Pero los pensamientos son solo un aspecto de nosotros mismos, solo una pequeña parte y como pertenecen al área de la mente no son estables en absoluto. Propongo entonces, que vayamos más profundo, para hablar de la alegría y la paz que también está en nosotros pero de un modo permanente cuando no proviene de un pensamiento.
¿Por qué los pensamientos positivos no podrán darnos alegría-paz permanente?
La naturaleza de los pensamientos es ser cambiantes. Pueden traernos momentos felices, provocados por eventos externos a nosotros, que durarán solo un tiempo. Ejemplo: cuando estamos de cumpleaños, cuando terminamos los estudios, cuando recibimos un título, cuando nos ponemos de novio/a, cuando nos casamos, cuando tenemos hijos, cuando vamos de vacaciones, cuando compramos algo que anhelábamos, cuando sentimos que alguien nos quiere, cuando….( la lista puede ser muy extensa). El término cuando se refiere al tiempo y esto es perfecto porque la mente se alimenta de tiempo: pasado o futuro. Los pensamientos entonces son temporales. Pensar es hacer “historia”. Entonces, por esta razón ningún pensamiento puede ser verdaderamente importante o significativo para construir ni para destruir nuestra felicidad.
¿Por qué? Porque la felicidad duradera o estable está en otro área de nosotros mismos: en el Ser (alma, dios interior, consciencia o como quieras denominarlo).
Ocurre que aprendimos a definirnos por lo que pensamos, entonces si no pensamos, NO SOMOS. Y esto es terrible. No ser, no pensar: es nada. ¡No ser: es lamentable! Es como no existir. Pero constantemente se nos enseña a “ser alguien”, porque si somos alguien vamos a obtener logros que nos harán bien.
Pero esto no es verdad. Tanto lo que pensamos como lo que hacemos no determina ni define nuestro estado dichoso de ser. Aunque creemos que sí. Perseguimos logros porque creemos que vamos a ser más felices con ese objetivo cumplido. No es así. Todo lo que pensamos-hacemos, nos puede acercar a la felicidad solo por un tiempo, nunca de manera duradera, porque todo lo que viene de la mente es dual, cambiante, pasajero y temporal. Un rato nos hace bien, más tarde nos hace mal. Un tiempo estamos bien, otro tiempo estamos mal. Por un período de tiempo nos gusta, luego ya no nos gusta.
Por lo tanto, todo lo que venga de la “mente pensante” no tiene la capacidad de darnos felicidad permanente, tampoco de rompernos la paz interna, por eso necesitamos des-jerarquizar a los pensamientos y restablecer nuestra conexión interior. Solo de allí (Dios interno, alma, Yo espiritual, consciencia, etc.) puede venir la dicha duradera. Ese es el gozo de la vida.
Cada pensamiento y/o acto por más brillante que sea, por más feliz que nos haga en ese momento, es momentáneo, no puede durar. Inexorablemente va a cambiar. Así es la mente. Así funciona. Por eso “sufrimos”. Porque nos aferramos a ella sin más remedio que tener que vivir con “altos y bajos”. Es lo normal para la “ella”.
En cambio una vida anclada en el Ser interno o Yo espiritual no depende de ningún logro externo, de ningún evento, de nada, para ser gozosa.
Si hemos leído tantas veces que la dicha viene del interior, intentemos entonces no darle tanta importancia a nuestros pensamientos, ni hagamos de ello un culto, ni siquiera de los “positivos”. Ellos no son verdaderamente importantes para mantener estable en el tiempo, nuestra alegría de Ser.
Gracias por existir.

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