Diario El Este

De amores tóxicos

(Foto: www.menteasombrosa.com)

Lic. en Psicología: Tania Atchugarry

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La palabra amor nos acompaña desde los confines de la historia. Es parte de nuestra herencia. Conforma nuestro espíritu. Integra nuestra psiquis. El amor como experiencia es un elemento común a toda la humanidad. Una de sus variantes es la relación amorosa. El enamoramiento obnubila, enciende las pasiones, encandila. Lo hemos visto retratado infinitas veces en la literatura y en el cine. En palabras de la psicóloga española Esmeralda Salinas, la arquitectura de una relación sana se debe erguir sobre cuatro pilares fundamentales: el respeto, la aceptación, la confianza y la comunicación.

Hay un término que se ha puesto de moda en las nuevas generaciones para referirse al tipo de persona que atenta contra esta construcción amorosa: el tóxico o la tóxica. Tienen una personalidad seductora, son inteligentes y adictivos. Son dueñas de una intensidad profunda que se traduce en cientos de llamadas perdidas. Sus demostraciones de afecto son tan pasionales como escasas. Se muestran vulnerables. Generan empatía. Las víctimas de las personas tóxicas sienten que son las únicas que pueden comprenderlos. Se sienten únicas. Especiales.

La mayoría de nosotros hemos encontrado una persona así o conocemos a alguien que se enredó en una relación de estas características y, aunque siempre concluyen en un torbellino de angustia y desilusión, son difíciles de terminar.

Al tóxico se lo conoce, desde el punto de vista patológico, con el término narcisista y configura un tipo de psicopatía. La vanidad y el egocentrismo los definen. Las personalidades narcisistas tienden a vincularse con otras emocionalmente vulnerables e infiltran su toxicidad por las ranuras que quedaron abiertas después de una crisis de autoestima. No se encuentran emocionalmente disponibles. Por lo menos no de la forma convencional. No tienen la capacidad empatizar con otro ser humano salvo que sea para su propia conveniencia.

Encontramos en el mito de Narciso y Eco una representación precisa de este tipo de relación. En la leyenda, Narciso era un joven apuesto y seductor que estaba tan ensimismado por su propia belleza que no podía amar a otra persona.

Eco estaba enamorada de él pero estaba condenada a repetir las palabras de su amado sin la posibilidad de una voz propia. Él la rechazo y Eco se perdió en una cueva por la eternidad. Tiempo después Narciso se detuvo en un río para contemplar su propio reflejo. Encandilado por su aspecto, se acercó demasiado, resbaló y murió ahogado. Al igual que en el mito, las dos personas que comparten una relación tóxica, están condenadas a la tragedia.


El vínculo con un narcisista va a oscilar entre el amor pasional y el desamor, propio de la irresponsabilidad afectiva. El problema radica en que esa unilateralidad provoca un sentimiento obsesivo en la otra persona. La víctima de un narcisista se va a aferrar a las demostraciones aunque lleguen a cuenta gotas. En el afán de revertir la situación, lo único que consiguen es quedar expuestos a más mentiras, promesas y manipulaciones. Su mundo se va a reducir a las necesidades de la persona tóxica, transformándose en una codependencia emocional.

La Lic. Cecilia Ce hace referencia a personas sobreadaptadas, con alto nivel de tolerancia al estrés, producto de algún acontecimiento estresante o doloroso en su infancia/niñez/adolescencia. No necesariamente tienen que haber vivido situaciones traumáticas. Se puede tratar de vivencias que generaron estrés o dolor, pero que al mismo tiempo se “soportó”, aumentando el umbral de tolerancia a situaciones negativas.

Los narcisistas cargan con una herida dolorosa a nivel del inconsciente personal, de su historia personal. Puede tratarse de un abandono, una infancia con padres distantes o falta de reconocimiento. Para disimular estas carencias se muestran omnipotentes y arrogantes. Generan vínculos que perduran en el tiempo. No sueltan a la otra persona, porque necesitan alimentarse del sentimiento de superioridad y el control desmedido.

Entonces, ¿cómo se logra cortar este vínculo tóxico? En primer lugar, se debe tomar conciencia de que uno se encuentra inmerso en un vaivén emocional que genera mucho dolor. Es necesario mantener distancia con el tóxico y volcarse hacia uno mismo. Esto es lo más difícil al principio, por lo que es recomendable buscar ayuda psicológica.

Aferrarse a las redes de contención es otro punto fundamental. Por lo general, tanto la familia como los amigos logran identificar al tóxico antes que uno mismo. Es por ello que es importante lograr compartir las experiencias con personas en las que confiamos, ya que serán agentes fundamentales en el proceso de desvinculación con estas personas.

Al iniciar un proceso psicoterapéutico, poco a poco podremos reconocer nuestras emociones, tomar contacto con el dolor, con la angustia, para poder aceptarla y así transformarla en sanación. Reconocer e identificar las emociones que van surgiendo. Uno conecta con lo más profundo de su ser, sumergiéndose en las profundidades del inconsciente y de la historia personal de uno. Allí se conocerán las heridas más profundas. Para poder sanar, uno debe enfrentarse a su lado más oscuro y rechazado, a su sombra. Tomar contacto con ello permitirá reconocer cada aspecto de sus emociones, tomar contacto con el dolor, con la angustia, para poder aceptarla y así transformarla en sanación.

Hay que perdonar, pero sobre todas las cosas, perdonarse. Perdonarse por olvidar las propias necesidades y posibilidades. Aceptarse a sí mismo, a tomar consciencia de uno y hacerse cargo de las elecciones y actitudes que se toman a lo largo de la vida. Esto no significa que haya que autocastigarse, sino todo lo contrario. Recordando al psiquiatra y psicólogo Carl Jung, lo que aceptamos de nosotros mismos nos transforma y lo que negamos nos somete.

El camino de cambio y sanación es la aceptación. También recordar que no somos lo que nos ha ocurrido, sino lo que elegimos ser con ello. En momentos donde la adversidad azota nuestra vida, es momento de mirar hacia dentro para reconstruirnos, para luego aprender e integrar todos nuestros aspectos de nuestra psiquis. De allí renaceremos, siendo más fuertes y libres.

2 comentarios en “De amores tóxicos”

  1. Que artículo mal escrito! Una sopa de letras llena de desvíos innecesarios donde todo se podría haber reducido a un párrafo. Ni hablar de ese leve hálito a auto ayuda que expele el autor.

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