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El Chueco

por Rodrigo Tisnés

Históricamente, las reglas de la etiqueta, o el decoro, establecían de forma más o menos taxativa que todo homenaje a una personalidad destacada de cualquier ámbito de la vida social, debía realizarse post-mortem, o sea, una vez fallecido el homenajeado. Esto era especialmente estricto para los casos de políticos destacados.
Mucho de eso continúa al día de hoy en normativa vigente. Por ejemplo, no se puede incluir en el nomenclátor a ninguna persona ilustre que esté viva. De hecho, debe haber un plazo mínimo desde su fallecimiento hasta que se designe una calle, plaza u otro espacio público con su nombre.
Afortunadamente, como para demostrar que no todo tiempo pasado fue mejor, esa práctica ancestral, formalizada mediante leyes a mediados del siglo XIX, ha ido cambiando, y hoy se reconoce que, más allá del deber de honrar a nuestros muertos (ilustres o no) el valor de los homenajes y reconocimientos es hacerlos en vida de la persona.
Precisamente esto, el enorme valor de homenajear a un referente que está con nosotros, con quien aun podemos hablar e intercambiar ideas, y aprender de su experiencia, es lo que sucedió el domingo en La Paloma, con el homenaje que los intendentes y exintendentes frentistas le realizaron a Artigas Barrios.
Recordar lo que ha sido la trayectoria del Chueco en el Frente Amplio y en Rocha, sería casi de perogrullo, de no ser por la peste de la desmemoria, que como en Cien años de soledad, afecta la memoria colectiva del pueblo. El Chueco fue el primer diputado elector por el Frente Amplio en Rocha (año 99) y fue uno de los 3 diputados por Rocha en esa legislatura, una de las pocas (si no la única) en la que nuestro departamento contó con tres representantes. Luego, en 2005 se convirtió en el primer Intendente electo por el Frente en Rocha, y cinco años después, en 2010, se convirtió en el primer Intendente, al menos desde el retorno de la democracia, en ser re-electo de forma inmediata. Y lo hizo convirtiéndose en el candidato más votado en una elección departamental, con más de 27.000 votos. En 2015, finalmente, le entregó el gobierno departamental a Aníbal Pereyra, y asumió una banca como Edil departamental.
Fue, además, el Intendente qué con su gestión, recuperó el orgullo de sentirse y decirse rochense. Porque, aunque por increíble que parezca, cuando el Chueco asumió la Intendencia, no se sabía que podía pasar. La vara estaba tan baja, estaba tan alicaída el alma del pueblo en general, que Rocha parecía una Comala templada y gris, y no hubiese sorprendido si la gestión empeoraba lo que ya venía siendo pésimo.
Porque seamos claros, no es un tema de cargarle las culpas al gobierno anterior. Que las tuvo por cierto. Pero no se llega a la situación en que estaba la Intendencia de Rocha por culpa exclusiva de un solo gobierno.
Y sin ser un mago, pero con la alquimia del orden y el sentido común, el Chueco lideró un equipo que logró una pequeña revolución. Porque en el contexto en que se estaba, poner en orden la Intendencia y pagar los sueldos en tiempo y forma, fue todo un hito.
En suma, tanto por el reconocimiento popular obtenido en las urnas, como por su capacidad de gestión, el homenaje que se le brindó al Chueco estaría más que justificado.
Pero queda la parte más importante. La que le reconocen propios y ajenos: su don de gente, de buena persona, la calidez humana, la sencillez. Un edil del Frente siempre comentaba que cada vez que iba a hablar con el Chueco, tenía una forma de hablarle, de explicarle las cosas, que salía satisfecho de la reunión, aunque la respuesta al planteo que le llevaba hubiera sido ‘’No’’.
Ese talento, el de convencer por sobre el de imponer, el de ganar voluntades, es lo que separa a un gran político de un político a secas. Y eso es el Chueco, nada más y nada menos, que un gran político y mejor persona.


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