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El debate entre los candidatos de CABA y el veredicto que sólo el ciudadano puede dar.

por Alejandra Sanabria

En la noche del miércoles, en el canal TN, María Eugenia Vidal (Juntos), Leandro Santoro (Fdt), Myriam Bregman (Fit) y Javier Milei (La Libertad Avanza) protagonizaron el Debate Capital por ser los cuatro partidos de Ciudad, que se miden el 14 de noviembre para la renovación de bancas en el Congreso.


Si usted no vio el debate, podrá hacerlo a través de You Tube, y si lo vio , puede verlo de nuevo y analizar detalladamente porque no todo es lo que nos quieren vender, hasta los propios políticos creyéndose los ganadores del debate. Pero el veredicto lo da la gente, y la que gana o pierde es la gente.
Si algo ha cambiado en la sociedad, en todas las esferas, es el reconocimiento de lo sesgada que puede venir la información y lejos de creerme fuera de ese mal, intentaré contarle al lector, las diferentes aristas que tuvo el debate.

Que no hubo lugar para escuchar propuestas, es cierto. Pero de algún modo el show televisivo, con el conteo de tiempo tampoco ayudaba. Más allá de lo atractivo pero poco práctico que fue el formato del debate, no podemos hablar de un intercambio propiamente dicho ya que constantemente y en la premura de contestar, los candidatos «se pisaban», «se interrumpían» y los moderadores no lograron ordenar a satisfacción, lo que ellos llamaron «un lindo y acalorado debate». Pero la verdad de debate tuvo poco y de calor mucho.


Luego de la presentación de cada candidato, se observó a una María Eugenia Vidal muy tranquila que por momentos se la vio sorpresivamente alineada a las ideas de libertad de Javier Milei, pero se centró en Leandro Santoro y su rival kirchnerista hizo lo propio con la candidata de Juntos.


¿Propuestas? Pocas. Si uno sabe leer entre líneas y líneas gruesas realmente, el debate se centró más pensando en 2023 que en las elecciones legislativas de 2021. Santoro-Vidal, Vidal-Santoro, uno a otro pasándose viejas facturas, el clásico «ah pero Macri», el espionaje ilegal, el contraataque de Vidal con la vacunación, la cuarentena y la deuda tomada por Alberto Fernández. Poco y nada para la Ciudad de Buenos Aires ,excepto referencias a la creación de escuelas y a la coparticipación, donde más que propuestas hubo reproches del gobierno anterior y del actual. Nada nuevo bajo el sol, la grieta continúa.

Por su parte, y como en un partido paralelo, desempolvando la doctrina izquierdista de reivindicación de la clase trabajadora, Myriam Bregman arrancó con mucha fuerza sus ideas, y con mucha fuerza se dedicó a criticar a Javier Milei tildándolo de extrema derecha, por qué sí y porque desde el inicio fue evidente la poca simpatía que le profesa, nunca dejando hilvanar una respuesta completa al libertario.
Fue evidente que el economista como dice siempre: «no pertenece a la casta política». Fue con sus conocimientos, con su espontaneidad y sus modos de lo no políticamente correcto (pero no por ello maleducado) a disertar sobre las bondades de la libertad. Fue interrumpido constantemente por la candidata de la izquierda fastidiada por los conceptos técnicos de Milei al que acusó de misógino por no dejarla hablar, a pesar que ella lo interrumpía constantemente. La doble vara a la orden del día.
Si el lector, tiene alguna duda podrá cotejarlo con el programa subido a todas las redes sociales. La inexperiencia política de Milei, lo hizo entrar en el juego de Bregman. Bajo la bandera de «no me dejas hablar por que soy mujer», y «vos trabajas para una multinacional» , no dejó redondear una idea a los contrincantes, sobre todo a Javier Milei, quejándose que no la dejaban hablar a ella.

En una sociedad cansada, como la Argentina, donde la violencia está a la orden del día, se vio a una Bregman aguerrida por demás acorralando a Milei. Casi todo el debate se centró en descalificar la figura del economista en vez de proponer mejoras a la Ciudad.

No es que Milei haya podido proponer demasiado, de hecho se centró en defenderse de la verborragia de Bregman. Para el candidato liberal, fue la primera experiencia de debate, y el roce político lo adquirirá o no con el pasar del tiempo. Habrá que ver si adquirir ese roce político es positivo o negativo ya que algunos candidatos se mostraron con matices diferentes al que se los suele ver cuando no hay campaña electoral de por medio.
El pueblo pide integridad, esto es concordancia entre lo que se dice y lo que se hace. Ya no se cree más en cambios de posturas para agradar y pasadas las elecciones una amnesia total con lo que se prometió.

Pero como le decía al comienzo, vea el lector el debate si no lo vio, y saque sus propias conclusiones. No deje que otro lo quiera convencer, ni la autora de este artículo. Sentirse libre es poder formarnos nuestras propias opiniones sin que otro nos quiera convencer de su verdad.

El debate fue un entretenido show televisivo, pero las propuestas faltaron a la cita de la noche.

Dato llamativo: Myriam Bregman saludó al finalizar a todos los candidatos menos a Javier Milei quien quedó con el puño extendido esperando su saludo.

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