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EL DESAMPARO

por Baby Etchecopar


Los dos años del gobierno de Alberto, unido al Covid, al encierro carcelario, al bloqueo del país, a la impresión de dinero como panfletos, al terrible retorno permanente, a la bicicleta, la heladera y el Lavarropas, haciéndole creer a la gente que la dádiva y la humillación tienen mucho que ver con la democracia.
Nos golpeó al punto de darnos cuenta que este maravilloso desamparo, esta sensación de orfandad, y la finitud ante el abismo, hizo que el pueblo entre en pánico y se enfrente a la realidad que sólo se siente en situaciones terminales. Fue como si de pronto nos dimos cuenta que ya no soportamos más las canchereadas de Alberto, los gritos histéricos de Cristina, la obligación de tener que soportar a Maximo disfrazado de Mao, como la promesa del futuro del país. Gracias a dios, los dos años de impotencia de un presidente impotente, que solo muestra un atisbo de virilidad cuando entre la música de la fiesta y las carcajadas de los amigotes se desliza por debajo de algún portón de la quinta el rumor de un embarazo.
Ya no hay herederos de Dios, ya Dios no nos ayuda más, ya tomamos conciencia que ahora si estamos desamparados.
De golpe nos enteramos que Perón murió y que no dejó herederos, sólo simultáneos grupos de escruchantes, que cada tanto en nombre de el, se llevan la Argentina.
De golpe, muy de golpe, nos quedo la degradada palabra LADRONES, simples ladrones, inescrupulosos ladrones, que convenciendo pobres y criando pobres y obnubilando pobres y domesticando pobres armaron un núcleo duro de gente desnutrida incapaz de revelarse con el pensamiento con la promesa de un futuro mejor y la esperanza de un día tener dignidad de trabajo fueron sometidos a los más bajos instintos políticos, ruines, asquerosamente ruines de gente perteneciente a lo más terrible de la sociedad.
Pero cambio, y va a seguir cambiando, gracias a dios que ya no es Argentino ni nos ayuda, pero nos hizo dar cuenta qué hay una posibilidad con el voto de terminar con esta casta nefasta que ha estrellando la Argentina contra el piso, que nos ha hecho arrodillar ante el mundo, que nos ha obligado a perder la voluntad, pero que nos queda la esperanza que en la próxima elección con el voto podamos mirar el mundo a los ojos, cantar el himno, enarbolar la bandera y mirar a nuestros hijos con orgullo.
Logramos liberar a la Argentina

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