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El Gobierno trabajará sobre la migración interna entre los jóvenes uruguayos

por Karina Caputi

A través del INJU se buscará contar con un panorama respecto a este fenómeno; causas y consecuencias del desarraigo

Cada año, en Uruguay, cientos de jóvenes abandonan, por diferentes razones sus suelos natales y donde se desarrollaron hasta entonces, para radicarse en otros puntos de territorio

Un estudio elaborado por Nicolás Alberti, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República maneja diversas teorías e hipótesis planteadas acerca del por qué estas personas deciden movilizarse dentro del país.

Alberti indicó que ambo conceptos “suelen ser desarrollados, a grandes rasgos, en dos líneas de análisis que se complementan entre sí: por un lado, examinando los determinantes migratorios desde una perspectiva basada en disparidades territoriales; y por el otro, bajo una mirada que enfatiza en particularidades y atributos individuales de las personas.

La migración como tal, puede observarse entonces como una respuesta a desigualdades. La noción de movilidad poblacional está expuesta a ciertas flexibilidades pero hay consenso en que incluye y excede a la migración.

Una lógica básica podría ser el hecho de ir desde zonas que están en condiciones desmedradas hacia las que están en una mejor posición.  La búsqueda de mejores condiciones de vida, suele ser la expresión genérica que se utiliza para explicar la migración. Asimismo, “la noción de condiciones de vida es demasiado amplia y dependerá críticamente de situaciones individuales relacionadas con el ciclo de vida y con gustos personales que no son generalizables.

Es por lo anterior que, más allá de las disparidades territoriales existentes, la migración también puede concebirse como una conducta individual. Respecto al momento previo a que la decisión migratoria se materialice.

Rodríguez Vignoli destaca la importancia de tres prerrequisitos. En primer lugar, la ausencia de prohibiciones administrativas y/o comunitarias que efectivicen la salida desde el lugar de origen y por ende la opción de migrar. En segundo término, el manejo de información suficiente para tener conocimiento de zonas alternativas a la de origen. Y por último, el prerrequisito más decisivo refiere a la comparación entre los costos directos e indirectos y los beneficios actualizados que acontecerán del evento migratorio. De esta forma, para que la migración se materialice, los beneficios actualizados deben superar los costos del eventual traslado.

Cabe aclarar que en función de los enfoques teóricos considerados, la idea de costos y beneficios será más restringida al ingreso o a otros determinantes migratorios. En el caso de las teorías macroeconómicas de la migración, se hace hincapié en el cálculo económico costo/beneficio como condición para migrar, siendo los precios y los ingresos la fuente de información primordial para la toma de decisiones migratorias. De igual forma, sostienen que los diferenciales de salario son los que ordenan los flujos migratorios.

A su vez, la probabilidad de encontrar trabajo en la región de destino, para alcanzar ese diferencial en el salario, es considerada relevante, por lo que los niveles de desempleo también entran en juego en la ecuación costo/beneficio dentro de estas teorías.

La visión anterior se asemeja a las teorías microeconómicas de la migración, que analizan a la misma como una decisión maximizadora de capital humano. Según este enfoque, la persona que decide migrar, lo hace porque estima que su movimiento territorial elevará su “valor” por un monto superior al costo del mismo. De este modo, el beneficio de migrar está asociado a una inversión en capital humano.

No obstante, las decisiones migratorias están fuertemente relacionadas con el ciclo de vida y a su vez son individualmente heterogéneas, por lo que más allá del aporte teórico de diversos enfoques, la búsqueda de un modelo uniforme sobre por qué las personas migran resulta infructuosa.

De cualquier modo, los diferentes enfoques teóricos acuerdan que en la juventud suelen predominar la motivación laboral y/o educacional, habida cuenta de que se trata de un período de intensa acumulación de activos y acreditaciones y/o de iniciación de la actividad laboral. En tanto la adultez, suele concentrar, además de motivaciones laborales, las residenciales y familiares, asociadas a la crianza. Y en cuanto a la vejez, hay consenso en que las motivaciones más habituales se relacionan al ámbito externo, es decir, a la búsqueda de seguridad, de condiciones climáticas idóneas, calidad ambiental y disponibilidad o cercanía de servicios.

Al mismo tiempo, los datos empíricos corroboran los supuestos teóricos que advierten mayores tasas de migración en la juventud, en el inicio de la vida activa, y por ende una mayoría de motivaciones relacionadas a aquel ciclo de vida.

Desprendido de lo anterior, existen ciertos atributos que generan efectos positivos o negativos sobre la probabilidad de concretar el evento migratorio. En cualquier estudio sobre los determinantes de la migración, se distinguen entonces dos tipos de atributos, los vinculados a las localidades o divisiones político administrativas que se consideran en el análisis, y los atributos individuales.

La distancia, por ejemplo, constituye un factor trascendental en los modelos gravitacionales, que está fuertemente asociado a los costos que implican los desplazamientos. A mayor distancia se suponen mayores costos de toda índole; en la financiación del traslado, en los costos de oportunidad, en la información, en la búsqueda de empleo y hasta los costos psicológicos se estima que aumentan con la lejanía de la región de destino.

En segundo lugar, los diferenciales económicos que existen entre un territorio y otro son también considerados factores influyentes en las migraciones. Refiere principalmente a los salarios, costos de vida y niveles de desempleo. De aquí surge la reiterada hipótesis acerca de que las zonas con mejores indicadores socioeconómicos debieran ser las más atractivas.

Otro de los atributos vinculados al territorio de origen o destino que determina a la migración, tiene que ver con los diferenciales en la oferta y calidad de los servicios, principalmente en salud y en educación. Tanto la infraestructura o el equipamiento de estos servicios, así como algunas variables que también hacen a la calidad de vida como los índices de seguridad ciudadana, contaminación o cultura cívica constituyen variables condicionantes de migración, y los respectivos flujos migratorios generados para su satisfacción constituyen la variable condicionada.

Dichos flujos no son uniformes ya que dependen del tipo de migración o de características particulares de los individuos. Por ejemplo, para un adulto mayor el diferencial de salarios o de servicios educativos puede ser irrelevante en comparación con el diferencial de contaminación, lo que difícilmente ocurrirá con un joven.

La migración interna genera consecuencias en las características de la población, en particular la estructura según sexo y edad, por lo que las personas que cambian de residencia no son una muestra representativa de la población, pues operan mecanismos de selectividad migratoria.

Ya desde los primeros estudios realizados para aproximarse al conocimiento del fenómeno migratorio interno, el sexo y la edad se consideraron atributos que marcaban una diferencia en materia de propensión a migrar.

En general, la intensidad de la migración suele concentrarse en los grupos de edades económicamente activas y en particular entre los jóvenes. En la práctica, no hay discusión acerca del factor etario y, sobre todo, de la mayor probabilidad de migrar durante la juventud. La etapa joven se caracteriza por decisiones y eventos (inserción universitaria, ingresos al mercado de trabajo, nupcialidad) y disposiciones sicosociales (menor aversión al riesgo, mayor interés en experimentar) que promueven o facilitan la migración.

Es por ello que existen hipótesis firmes que plantean que la migración sigue una trayectoria de “U” invertida en cuanto a la edad, estando la juventud en la cúspide y presentando en algunos casos una segunda cresta en la adultez mayor (principalmente asociada al retiro en países desarrollados).

En cuanto a la especificidad de género en la migración, ésta ha sido objeto de debate. La mayor predisposición femenina a migrar ha sido históricamente asociada a la importancia del flujo rural urbano y a los espacios  laborales específicos como el sector servicios o el empleo doméstico. Amplia información corrobora las teorías que colocan a la educación como un factor importante e influyente sobre la propensión migratoria de las personas. Se tiende a suponer que la relación entre educación y migración es positiva, por lo que las probabilidades de migrar se elevan con la educación.

Los sustentos que se encuentran por detrás de esta hipótesis son que, una mayor formación académica proporciona nuevas opciones de vida, tanto en la búsqueda de más educación como en la búsqueda de oportunidades laborales, para lo cual el desplazamiento territorial aparece como una alternativa válida que integra una infinidad de opciones para satisfacer diversas necesidades. Asimismo la mayor educación está fuertemente asociada a la consecución de mayores ingresos, los suficientes para tener la capacidad de solventar los costos que requieren las migraciones

Más allá de todos los estudios y análisis realizados al respecto, el Gobierno uruguayo pretende conocer de primera mano, cuáles son las causas, pero también las consecuencias que este fenómeno genera en la juventud del país.

Debido a esto, a través del INJU, se realizarán instancias que darán comienzo este jueves, con un conversatorio virtual al respecto.

Muchachos de distintas localidades compartirán sus experiencias de migración. Las fronteras dentro de un mismo país pueden ser muy marcadas; los y las jóvenes que migran de una localidad a otra, del campo a la ciudad o viceversa, muchas veces se encuentran con fuertes cambios culturales. El desarraigo, el permanecer lejos de la familia y del entorno habitual son sin duda fuentes de aprendizaje para estos jóvenes.

Los protagonistas serán cuatro jóvenes de distintas ciudades-localidades del interior del país, quienes compartirán relatos e intercambiarán sus experiencias en torno a esta temática.

Este conversatorio pretende poner en común estos relatos para construir entre todos un panorama respecto a este fenómeno y también conocer cómo lo viven las y los jóvenes.

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