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El ojo del arte: el magnífico torso masculino de Botero

por Marcela Fittipaldi

El antiguo predio donde se erigía el Italpark, cuenta con un cuidador de bronce que no pasa desapercibido. La escultural obra del artista colombiano es un imán fotográfico para turistas y vecinos que transitan por el corredor del barrio de Retiro.

El torso de Botero ya es parte del inventario de la Ciudad.

Especial El ojo de arte

¿Quién no vio a la pasada, mientras circula por la Avenida del Libertador, ese torso erguido al borde del Parque Thays? Es parte de nuestro patrimonio cultural, del gran museo al aire libre que es la Ciudad de Buenos Aires, y que fue realizado y donado por un reconocido artista colombiano.

La escultura Torso masculino desnudo, de Fernando Botero, de estilo neorrenacentista contemporáneo, fue realizada en bronce y emplazada sobre una base de mampostería. De acuerdo con la descripción del Ministerio de Cultura de la Ciudad, “mide 3,90 metros de alto por 2,49 de ancho y 1,65 de profundidad”.

Inaugurada el 24 de mayo de 1994, se trata de un gran torso masculino tomado desde la zona media de las piernas hasta el cuello. Resalta de manera exagerada los músculos del pecho, glúteos, abdominales y muslos de las piernas. No tiene brazos y una pequeña hoja de arce oculta sus partes íntimas. El paso de los años fue decolorando primero la parte superior del pecho y los hombros, y sigue avanzando hacia abajo. Si se lo contempla detenidamente, ese torso se convierte en una cara de ojos saltones y expresión tranquila, como si estuviera respirando despacio, casi en un estado zen. Es como un tótem urbano que transmite una paz y sosiego difícil de encontrar en la vorágine diaria de la gran ciudad. Es, sin lugar a dudas, un botero original.

Fernando Botero nació en Medellín el 19 de abril de 1932 y es uno de los artistas latinoamericanos más reconocidos del mundo. Su obra se caracteriza por el agrandamiento o la deformación de los volúmenes. A lo largo de su extensa trayectoria, exhibió en las principales ciudades y museos del mundo: desde el Grand Palais de París, los Campos Elíseos o el Palacio Venecia, hasta la Quinta Avenida de Nueva York, el MOMA, y el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile, entre muchos sitios más. 

También a lo largo de los años ha donado a diversas ciudades del mundo esculturas como Big Bird (Singapur), El Caballo (Santiago de Chile), Mujer con espejo (Madrid), Gato (Barcelona), Maternidade (Lisboa), Broadgate Venus (Londres), Caballo (Medellín), Jinete (Jerusalén), entre otras. También está Torso de mujer, popularmente conocido como La gorda, en la ciudad de Medellín, que podría ser la pareja de nuestro torso del barrio de Retiro.

Si bien Botero confesó más de una vez que se siente pintor antes que cualquier otra cosa, en una entrevista que le realizó el periodista mexicano Ricardo Rocha reveló que en 1974 decidió dejar de pintar por un tiempo “para aprender el oficio de escultor”. Pero de ninguna manera alteró su estilo, ya que el mismo concepto que aplicó en sus pinturas lo llevó a sus esculturas: “Todo artista considerado importante deformó de alguna manera la naturaleza y así lo hice yo también”, dijo. Lo primero que esculpió fue su mano izquierda y, como lo haría con el resto de su obra, el volumen deformado fue protagonista.  

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Escrito por Martín Sassone

Buenos Aires, NA

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