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Envejecemos, nos vamos y venimos por: familia, trabajo y educación

por Daniel Altez

Por Lic. Socióloga Silvia Fuentes
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En anterior comentario nos habíamos referido al complejo mundo de la población envejecida y reproducción en Uruguay. Especialmente al embarazo adolescente y su cuantía en algunos poblados del país.
Uno de los problemas que se visualizan es que la población que nace y crece en un área geográfica no siempre se queda en ella por toda la vida.
Observando los datos de los diferentes censos de población, viviendas y hogares que ha tenido el país, realizados por el Instituto Nacional de Estadística; deteniéndonos solamente en las corrientes migratorias internas vemos la importancia que tienen para poblar algunas zonas del país y despoblar otras.
Con los datos del Censo de 1985 nos enteramos que había regiones que habían crecido por encima de la media nacional. Las tasas de crecimiento de los departamentos fronterizos con Brasil (Artigas, Cerro Largo, Rivera, Rocha y Treinta y Tres) estuvieron marcando dicha tendencia. Esto revirtió la tendencia histórica que los ubicaba como expulsores de población.
En Rocha el fenómeno fue claramente visualizado en la ciudad de Chuy. Diferencias cambiarias con Brasil hicieron bajar el costo de vida y aumentar las fuentes laborales informales a la luz del comercio fronterizo.
Por un tiempo ese fenómeno hizo que Rocha perdiera el carácter de departamento que expulsaba población, característica que volvió a adquirir con el transcurso de algunos años más. Más allá que en los últimos tiempos el departamento es receptor de migrantes que se instalan a vivir durante todo el año en viviendas de la costa oceánica rochense que en otros tiempos solo eran motivo de “veraneo”.
Con otras dimensiones y causas Montevideo era capital “macrocefálica” atrapante para vivir. Mientras tanto Canelones y Maldonado seguían atrayendo población de variados sectores sociales, al extremo de generar decenas de asentamientos humanos irregulares que se contradecían con lujosas construcciones de uso estival.
Por otro lado se acrecentaba el éxodo de población rural en todo el territorio uruguayo, población que se radicaba básicamente en los cinturones de las ciudades donde podían seguir manteniendo algunos rasgos de la cultura rural como la de tener quintas o cría de aves de corral entre otras actividades.
A partir de estos movimientos migratorios el departamento de Rocha entre el año 2004 y 2911 no logró mantener el volumen de su población y perdió el 0,37%de la misma. Estando dentro de los departamentos que más habitantes perdió, en ese período, junto a San José, Durazno y Artigas. Maldonado fue el departamento que más habitantes atrajo (2,19 %) seguido de Canelones. Al día de hoy varios autores hablas de una gran área metropolitana formada por Montevideo, Canelones y Maldonado que concentra casi dos tercios de la población del país.
Hemos hecho referencia al proceso migratorio interno como un fenómeno aislado de la sociedad uruguaya, obvio es que no es así y sus consecuencias más que en volumen de población y envejecimiento o nacimiento, debe visualizarse en términos de temas y problemas vinculados a salud, educación, trabajo, pautas cultuales y tenencia, o no, de una vivienda y condiciones dignas de vida.
Por décadas Montevideo fue para la población joven el motivo de radicación número 1 si quería una formación en educación terciaria. Con la lentitud de un tren de carga del SXIX, ese fenómeno ha comenzado a revertirse con la creación de Centros Universitarios Públicos y Privados en diferentes departamentos del país. Pero fenómenos parecidos se dan al interior de cada departamento donde el desplazamiento diario o la radicación definitiva es la solución a la falta de centros educativos con determinados perfiles de formación, en los lugares donde viven estos jóvenes.
El fenómeno de la falta de empleo y la necesidad de tenerlo muestra diversas situaciones a lo largo y ancho del país generadora de múltiples traslados zafrales, temporarios o migración definitiva. Lo más reciente quizás sea la instalación de las Pasteras de UPM, pero ya habíamos pasado por el boon de la construcción de Punta del Este de los años sesenta o el más cercano del turismo en Maldonado o las playas rochenses.
Parece más entendible que el fenómeno de envejecimiento de una región no solo pasa por la cantidad de personas jóvenes en edad de fecundar que hay en su territorio y sí por políticas públicas tendientes a que los lugareños puedan permanecer en su zona porque allí tienen empleo, educación y pueden radicarse con su familia en forma digna. El desafío está planteado, los abordajes son diferentes para cada departamento, pero hace años que están planteados; algo se viene haciendo, pero es muy lento.

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