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Esas extrañas luces en el cielo: pescadores reportan OVNIS en las costas del Río Negro

por Luis Piñeiro

Un grupo de pescadores olimareños cumplían el anhelado sueño de llegar hasta las cercanías de Paso Pereira, en las costas del Río Negro en el Departamento de Cerro Largo.

Permiso correspondiente en mano, llegaron en dos vehículos a un lugar privado,  relativamente cercano al propio paso donde funciona la balsa, pero de difícil acceso y por esa razón muy poco frecuentado por lo que tenían esperanzas de buena pesca.

Ya instalados en un espacioso campamento la noche acompañaba de manera maravillosa y ya las primeras horas auspiciaban que muy seguramente el «pique» sería muy bueno y la cosecha podría ser abundante.

Miguel P., uno de los integrantes del grupo, habló con EL ESTE y señaló que «esperábamos una noche tranquila de camaradería como tenemos siempre con la barra, pero además lograr una buena pesca y de paso disfrutar de un lugar realmente hermoso al que íbamos por primera vez, en nuestros diez años que mas o menos tenemos de salir los cinco juntos»

Visiblemente emocionado, siguió contando que «sin embargo se transformó en una noche sumamente extraña, de miedos, incógnitas y ninguna respuesta. Todo comenzó con algo parecido a un zumbido en principio lejano. Desconocedores de la zona,  supusimos que podría ser algún motor de riego de alguna plantación cercana, aunque a los pocos minutos algunos haces de luces muy parecidas a relámpagos comenzaron a surcar el cielo de una noche totalmente estrellada, lo que nos hizo minimizar la fogata y tratar de salir a campo abierto para tratar de encontrar el origen de las mismas. Grande fue la sorpresa, cuando pudimos observar claramente algo que simplemente podríamos llamar «luces» de gran porte, a una altura relativamente baja que se trasladaban rápidamente por toda el área, en principio en círculos pero posteriormente formando diferentes figuras a una velocidad sorprendente. El zumbido que habíamos escuchado sin dudas que provenía de las mismas, ya que en su ir y venir también ascendían rápidamente y el sonido como que también se apagaba, para en pocos segundos volver a descender y aumentar ese volumen. Si bien su color era blanco cuando se movían lentamente, se transformaba en naranja y hasta rojo cuando aumentaban la velocidad»

Siguió contando que «tras un periodo que realmente no sabemos estimar, por la situación que vivíamos, las luces comenzaron a alejarse en principio lentamente hasta que en determinado momento y a una velocidad que nunca había apreciado en mi vida, de a una fueron ascendiendo y en cuestión de segundo las perdimos de vista ya que se confundieron con las estrellas. Por supuesto el ánimo ya había cambiado y no sabíamos si levantar campamento y volver o quedarnos para ver que pasaba; primando esta segunda posibilidad.  Pero de los tres días que pensábamos disfrutar, solo nos quedamos esa noche y a la mañana siguiente emprendimos el regreso, lamentando no haber podido filmar ni siquiera un momento de la experiencia, ya que estábamos tan asustados, ensimismados, hipnotizados; como quieras llamarle, que a ninguno se le ocurrió, o ninguno se animó a volver al campamento a buscar aunque fuera un celular para tener una prueba»

Miguel contó además que a la mañana siguiente, cuando emprendían el retorno, pasaron a agradecer al capataz de la estancia donde habían ingresado y éste simplemente les comentó que «desde que estoy acá, son muy poquitos los pescadores que han permanecido mas de una noche en ese «puerto», pero de lo que pudo haber pasado, si no hay alguien enfermo o lastimado, no quiero hablar»

Finalmente Miguel, conocido y respetado  vecino de nuestro medio, así como los demás integrantes del grupo, nos pidieron absoluta reserva sobre sus identidades, «porque sabiendo como es esto, nos van a tomar por locos o nos van a agarrar de punto quien sabe por cuanto tiempo. Pero que pasó, pasó. Esto es como el dicho de las brujas, «yo no creo, pero que las hay, las hay»

Foto ilustrativa

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