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La mágica odisea de las vacaciones a vela ⛵️ - Diario El Este

La mágica odisea de las vacaciones a vela ⛵️

La indescriptible sensación de estar rodeado solamente por la infinidad del mar, el relajante sonido de las olas al golpear el barco, sentir la brisa fresca en la cara, el privilegio de llegar a tierra por mar…primero divisas algo borroso a lo lejos, a medida que te vas acercando va tomando forma hasta que finalmente es real al pisar tierra firme.

Tías es un velero de 32 pies ubicado en el puerto de Tropea, en la región de Calabria, Italia.

Todo muy idílico pero ¿Cómo es en realidad un viaje en un velero? ¿Cuáles son las reglas de oro a bordo?.

La mayoría de las cubiertas de los barcos están hechas de un plástico especial blanco …esto quiere decir que la suelas de nuestros zapatos tienen que ser del mismo color para evitar rayar la superficie y que el capitán se enoje. Creo que es una de las cosas que más alteran a quien está al mando! Limpiar esa superficie no es fácil y hay que hacerlo constantemente. El orden y la pulcritud son requisitos fundamentales para estar a bordo.

Fotos: Nicolás Acosta Gutiérrez
Fotos: Nicolás Acosta Gutiérrez

Estamos en permanente movimiento por lo tanto tener equilibro va a hacer el viaje más placentero. Para evitar mareos hay medicamentos de venta libre en cualquier farmacia. Sino estar siempre en cubierta mirando el horizonte estabilizarán el estómago de cualquiera.

Los espacios son reducidos por lo tanto las valijas no son bienvenidas….mochilas o bolsos que luego se puedan plegar son un must!. Menos es más…siempre, por lo tanto de ropa solamente lo necesario.

Se está todo el día expuesto al sol…sombrero, mucho protector solar y alguna prenda de mangas largas serán los aliados perfectos para enfrentar jornadas de 8 horas diarias de navegación. La sombra es un bien preciado que todos codician.

La comida, que normalmente se prepara antes de zarpar, va a ser algo simple, nutritiva y fácil de comer. Ensalada de pasta, arroz, lentejas con tomates, pepino, huevo duro, atún de lata, con aceite de oliva y balsámico, o lo que haya, van a ser la dieta de todos los mediodías. Cuando se está al ancla y pasa un pescador local gritando “peace, peace fresco”, con tan solo lavarlo, condimentarlo y una rápida cocción sobre la plancha transportará tu almuerzo a un restaurante con 3 estrellas Michelen.

Fotos: Nicolás Acosta Gutiérrez

A pesar de que los camarotes son cómodos, el espacio es chico como mencioné anteriormente, por lo tanto al principio te golpeas con todo y con el paso de los días te vuelves un malabarista digno del Cirque Du Soleil. Pero todo tiene su recompensa…el leve vaivén de las olas te mecerá como si fueras un bebé en su cuna y el efecto hipnótico te hará dormir como nunca!

Ahora….cuando estás al ancla y hay corrientes en diferentes direcciones la cosa cambia: tu camarote sufre el efecto “lavarropas” (apodado así por quien les escribe) y tus sueños se ven centrifugados y ya no conseguirás dormir.

Despertar en el mar, a unos metros de la orilla, en este mediterráneo turquesa es realmente una experiencia espectacular y única. Antes de desayunar te das un buen chapuzón y la sonrisa te dura el día entero. Desayunas algo simple, café o té con tostadas, un poco de fruta y zarpas al nuevo destino previamente programa y estudiado por el Capitán.

Por las noches, tanto si estamos en puerto o al ancla vamos a cenar a algún restaurante del lugar. No hay que hacer mucho incapié en las virtudes de la cocina italiana pero las de esta región son muchas! Frutos del mar, pescado fresco, verduras cultivadas bajo ese hermoso sol, sobre pasta o risotto son una fiesta para cualquier paladar. Y si a eso lo acompañas con un vino local ahí la experiencia es completa!

Si se está al ancla para poder ir a la orilla hay que hacerlo en el “dinghy” y eso si es toda una aventura, o al menos para mi que aún no lo domino del todo. La estabilidad que te da el barco se pierde al subir a ese pequeño bote inflable….si te quedas quieto y saltas a la arena al llegar a la orilla no hay ningún problema. En cambio, si la ansiedad te domina y saltas antes, estás con el agua hasta el pecho…literal. Nada que no se solucione con esperar a que te seques!.

La distancia se mide en millas, palabras nuevas como proa, popa, estribor, babor, vela grande, calma chicha, boyas, muelle pronto se verán incorporadas a tu vocabulario diario. La comunicación a puerto es por radio…un poco vintage pero sin margen de error.

Teniendo en cuenta esas cuestiones y sobre todo haciendo caso a quien capitanea la nave, la experiencia de navegar en un velero es algo altamente recomendable. La sensación de libertad que experimentas es única así como el privilegio de acceder a lugares que con otro medio de transporte no es posible. Si a esto le sumas la compañía de un grupo de defines durante un tramo de la travesía entonces todo, absolutamente todo valió la pena!

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