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no coincide con la que hacemos

La televisión que predicamos
no coincide con la que hacemos

por Luis Ventura

En el mundo del revés, la televisión que vemos y escuchamos no es la que nos muestran, aconsejan y predican. Porque a la hora de analizar los contenidos y lo que nos quieren vender, inducir y hacer creer no es lo que realmente pasa. Eso sí, asistimos y presenciamos que los programas que la gente sigue son los que hacen lo que no proponen.

Lo planteo para que lo pensemos. ¿No te resulta extraño que desde que se produjo la explosión de un reality de cocina como “MasterCheff” en la televisión de hoy, la pantalla rioplatense se haya llenado de cocineros, chefs y de las recetas de cocina más inesperadas de la gastronomía mundial?

Y lo digo porque todos los ciclos de cocina y de comidas se hacen a contrapelo con el aumento de pobreza, indigencia y hambre que son titulares actuales de todos los noticieros y periodísticos de ambos países. De aquí y de allá.

Porque mientras en los informativos te enumeran las canastas familiares de productos básicos de alimentación para que los busques en mercados y almacenes, los funcionarios se exprimen los sesos para armar las nóminas de productos cuidados para que resulten de más fácil acceso a los bolsillos más necesitados… en televisión vemos cómo te enseñan a cocinar con alimentos que no son los que llenan las heladeras trabajadoras y laburantas.

Claro, en tele aprendés a cocinar salmones, cortes de carne no tan accesibles para la gran mayoría y también a cocinar asando, friendo u horneando manjares que no son para cualquiera que no tenga un buen pasar económico.

Pocos o casi nadie cocina en televisión para la mayoría, como tampoco es habitual contar en la cocina con la variedad de utensillos que componen los elementos básicos de preparación de comidas que nos sugieren y aconsejan para que lo podamos aplicar.

La televisión te muestra competencias de cocina en las que se desperdician alimentos, platos que no se comen y recetas muy difíciles de llevar a cabo en estos tiempos de pandemias y acucios económicos para las clases menos favorecidas por los gobiernos.

Pero sin embargo, la gente lo ve. A tal punto que estos programas hasta le ganan en el rating a clásicos futbolísticos superlativos por las eliminatorias mundiales, doblando sus niveles de sintonía que hasta cuesta creer en función de la tradición futbolera del Río de la Plata, que el público  prefiere cocinar por encima de presenciar un suculento duelo de nuestro popular fútbol.

Pero también me pasa que en estas épocas en las que te predican la paz, la solidaridad, la seguridad y las buenas costumbres, mirás los noticieros y observás cómo todos los días roban a la gente en las puertas de sus casas, cómo asesinan a mansalva a personas que nunca imaginaron que ése era su último día de vida. Entonces te planteás si lo que ves y escuchás es cierto, en dónde queda todo lo que te enseña tu familia para ser una persona de bien…

Vivimos previniendo y advirtiendo violencia en todas sus especies, especialmente la de género, pero después mirás decenas de dibujos animados donde los héroes y los villanes se matan a golpes, a disparos con armas de fuego y espaciales para que los más chicos vayan incorporando en su cultura la misma violencia que sufrimos mientras nos pasamos advirtiendo que no la permitamos cuando la estamos promoviendo en los dibujitos para los pibes y los botijas.

Y qué te puedo decir de la televisión pandémica, en la que cientos de noticieros y periodísticos te acribillan con la cantidad de contagiados de cada jornada, también con los muertos, con las camas de terapia intensiva que nos faltan, los respiradores y oxígenos que no están, como también preocupando con las nuevas cepas de C19 para las que no hay vacunas… Eso sí, después te llenan de psicólogos, psiquiatras y neurólogos para que no entremos en pánico ni en miedos que nos paralicen cuando te  fusilan con dramatismos, tragedias y catástrofes que no perdonan a la gente.

Eso sí, todo lo que se cocine mide mucho rating. Todo lo que sea violencia aunque contemos de qué manera hay que controlarla, mejor es mostrarla en pantalla de la manera más cruda, como también sumar las temerarias estadísticas pandémicas antes que bajar los temores con prevenciones, los miedos con contenciones y los diagnósticos con  mucha fe. Por eso reitero que la televisión que predicamos no coincide con la que hacemos. Pensalo y después hablamos…

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