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Las redes sociales habilitan el hostigamiento, al punto de generar emociones de odio, incluso entre jóvenes que jamás se han visto personalmente las caras

por Karina Caputi

El Este recabó el testimonio de varios adolescentes, donde se refleja una oscura realidad virtual que los padres desconocen

En las últimas horas, una pelea que involucró a dos jóvenes mujeres de la ciudad de Treinta y Tres, cuyas imágenes fueron captadas en videos que rápidamente se viralizaron en diversas plataformas virtuales, ha reabierto el tema de la violencia entre un sector de la sociedad, más allá de su sexo.

Este tipo de reyertas, han ocupado, en los últimos tiempos, lugares destacados en las preocupaciones de adultos, ya sean padres, docentes, e incluso vecinos de los lugares donde se generan.

Uno de los enfoques, que algunos profesionales han dado al asunto, está relacionado con el análisis de los hechos de violencia entre jóvenes desde el bullying, hostigamiento o maltrato.

En diálogo con distintos jóvenes que han sufrido este tipo de ataque, entre sus propios pares, confirmaron a El Este, que en la mayoría de los casos se produce por parte de jóvenes, ya sean mujeres u hombres, con las cuales no han tenido contacto personal más allá de coincidir en algún espacio público, por lo que se desprende de sus relatos, que en gran medida, los agravios se inician desde las redes sociales.

Valentina, una chica de 16 años, señaló a este medio, que por casi un año, fue víctima de acoso virtual por parte de otra joven con la que jamás se había cruzado en lo físico. “Cada foto que subía la comentaba “bardeando”, (agrediendo), y me enviaba mensajes privados diciéndome cualquier cosa”.

Ana, por su parte afirma haber tenido que bloquear la cuenta de otra adolescente porque “el novio me daba likes y ella se la agarró conmigo”.

Estos dos casos, son apenas el resumen de al menos 15 testimonios recabados por El Este, a fin de conocer cuál es el origen de resentimientos, de apariencia viscerales, pero que, en definitiva,  no responden a ninguna base sólida de diferendo entre personas que no han llegado a interactuar más allá de la pantalla de un teléfono celular.

Entre los consultados, también buscamos la palabra del sexo masculino, quienes, a diferencia de las mujeres, aseguran mantener algún resentimiento por episodios puntuales, con muchachos generacionalmente similares, pero que así mismo no parecen argumentar una trifulca como la generada, ni en esta ocasión, ni en otras previas.

Manuel afirma que se “paró de manos” (se enfrentó) a un joven que se le había venido encima con la moto, en una “joda en el río” frente a su novia y otro grupo de amigos; al tiempo que Ignacio dijo haberse peleado una vez “a las piñas” porque “el gil estaba del alcohol” (borracho) y provocando.

Si bien varios de ellos asumen haber tenido un enfrentamiento físico con otras personas, pocos reconocen que lo hicieron motivados por el consumo de bebidas alcohólicas u otras sustancias. En un gran porcentaje, justificaron las trifulcas, entendiendo al otro, como el generador de las mismas.

Sobre el episodio del fin de semana, donde una pelea a golpes de puño y puntapiés, involucró mujeres y hombres, no fue sencillo obtener una narración clara de los episodios registrados.

Algunos manifiestan que el diferendo se inició entre dos varones, y al intentar ser separados por dos chicas, uno de los involucrados respondió golpeando a la mujer, ocasionando que se generara una repudio colectivo por parte de muchos presentes, que si bien se habían mantenido al margen, hasta el momento, comenzaron a insultar y perseguir al agresor.

Con más o menos matices, los muchachos adoptaron un relato similar; sin embargo, entre los adultos que fueron testigos, ya sea desde sus hogares, o porque acertaban pasar por el lugar, la versión tiene sus variantes.

En estos testimonios, aunque coinciden que la pelea ya estaba generada, afirman que una de las jóvenes se abalanzó violentamente contra uno de los dos implicados, provocando un golpe que generó la reacción, al tiempo que la segunda mujer, habría actuado de manera similar.

El desenlace también coincide con la narración de los adolescentes, ya que aseguran que una vez que el joven devolvió la agresión, debió huir ante los abucheos y recriminaciones de los presentes, que le reprochaban pegarle a una mujer.

Lo cierto es que, y más allá de la diferencia medular que llevó a la captura de las imágenes, las peleas callejeras, parecen haber dejado de estar reservadas al sexo masculino, al tiempo de concluir, además, que en todas las consultas realizadas, los jóvenes, tanto ellas como ellos, negaron poner en conocimiento a sus padres, sobre los hostigamientos que reciben o efectúan en las redes sociales.

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