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MANUEL QUINTELA (1865-1928) UN TREINTAITRESINO ILUSTRE

por Ana Laura Gorosito

En 2020 el Día del Patrimonio estuvo dedicado a la memoria del Dr. Manuel Quintela. Una rica personalidad de nuestra medicina, treintaitresino ilustre, que brindó mucho esfuerzo a desarrollar su
especialidad, la otorrinolaringología, siendo el primer Profesor.
Impulsó la modernización de la Facultad de Medicina de la que fue Decano en cuatro períodos, estuvo entre los fundadores del Balneario Atlántida, fue cuatro veces presidente del Jockey Club de Montevideo,
dos veces presidente de la Asociación Rural del Uruguay, dos veces presidente de la Sociedad Amigos de la Educación Popular (Colegio y Liceo “Elbio Fernández”), fundador del Club Médico del Uruguay y
fundador también del Sindicato Médico del Uruguay. Una vida consagrada a la salud, con múltiples aportes, y estrechamente vinculado al Este del país.

Un reciente libro recoge la trayectoria de este hombre, que merece ser destacado por sus múltiples aportes al desarrollo nacional.
Nació en Treinta y Tres el 25 de julio de 1865, hijo de inmigrantes, padre portugués y madre francesa, vinculado al interior profundo de dicho departamento cuando todavía formaba parte del de Cerro Largo, y producto de
la educación recibida en Uruguay y en Francia, esa combinación de factores de nacimiento y desarrollo le permitieron orientar su vida al servicio de múltiples y nobles causas.

Falleció a los 63 años en Montevideo el 17 de diciembre de 1928, mientras asistía a una reunión de profesores en la Facultad. Su padre, Joao Quintela, tuvo tres matrimonios, el primero con María Joaquina Pereira de la Luz, cuyo progenitor era propietario de una enorme estancia en el sur del actual departamento olimareño, entre los ríos Olimar Grande, Olimar Chico y Cebollatí, para recorrerla de punta a punta llevaba dos días de a caballo.

Manuel era hijo del tercer matrimonio de su padre con Bernarde Olimpia Cassagne Puigbert. En total, fueron dieciocho hermanos.
Manuel Quintela fue una personalidad polifacética, con una rica historia personal y familiar. Forma parte de la mejor tradición de la Facultad de Medicina de Montevideo, la que supo conducir con brillo, aportando una mirada
estratégica que le permitió distinguirla entre sus similares de otros países, por
décadas.
Su formación pasada por la Sociedad Universitaria, la Sociedad de Amigos de la Educación Popular, le imprimió una calidad universitaria ejemplar, con destacada inclinación pedagógica, desde su juventud.
Ingresó a la Facultad de Medicina cuando ella tenía apenas diez años de fundada, y se estaban produciendo algunos cambios en tiempos que la conducía su primer Decano oriental, el Dr. José Máximo Carafí, la que el propio Quintela consolidaría años más tarde. Tuvo ocasión de disfrutar de grandes maestros particularmente en la Clínica Médica, con Pedro Visca, y en Clínica Quirúrgica, con José Pugnalin.

Recién egresado viaja en 1890 a Francia, para especializarse en otorrinolaringología, una disciplina que estaba emergiendo en el viejo continente. Allí tuvo ocasión de adquirir pericia clínica y quirúrgica junto a
varias grandes figuras de esa especialidad, la que luchaba por independizarse y jerarquizarse como nuevo ámbito médico-quirúrgico. Fueron sus maestros principalmente Henri Luc, en París, y Émile-Jules Moure, en Burdeos, quienes
fundaron las primeras clínicas y también iniciaron las publicaciones pioneras que dieron jerarquía a su especialidad.
Esa pujante y sólida formación en la especialidad le permitió cimentarla en Uruguay, siendo el fundador de una Cátedra y una Escuela de otorrinolaringología con tal fortaleza que en las décadas siguientes, y aún luego
de su muerte, continuarían sus colaboradores, alcanzando relieve internacional, consolidando un constante crecimiento en prestigio, avances técnicos y preocupación por atender los aspectos sociales de las patologías más
complejas.

Luego de consolidar su Cátedra y la formación de especialistas, promovió la fundación de la Sociedad Uruguaya de ORL, que presidió hasta su muerte, estimulando vínculos duraderos con los colegas de ambas orillas del Río de la
Plata que se prolongarían hasta la actualidad.
En lo profesional se consagró a la asistencia y la docencia, volcando su dedicación al Hospital de Caridad, a la Comisión Nacional de Caridad y Beneficencia Pública, a la Facultad de Medicina, y de manera especial a su
Cátedra de ORL, de la que fue el primer profesor a partir de 1900. No descuidó la atención de los menos favorecidos, a quienes atendió gratuitamente en su nutrida consulta privada, a la que también llevó a los estudiantes, cuando el
material clínico y el instrumental fueron escasos o inexistentes en el Hospital.

Quintela fue fundador y Presidente del Club Médico del Uruguay, con una gestión renovadora y expansiva. Fue del núcleo fundador también del Sindicato Médico del Uruguay e integrante de su primer Consejo Arbitral, el primer Tribunal de Ética Médica que existió en el país.
Hombre apasionado volcó energías desde su juventud en la lucha por la libertad, integrando el batallón de universitarios que protagonizó páginas heroicas en la Revolución del Quebracho, de 1886, contra la dictadura del Gral.
Máximo Santos. Era entonces un estudiante de Medicina. La actuación universitaria y política, que desarrolló en forma paralela a lo largo de su vida, le permitió expandir las vinculaciones que siempre puso al servicio de la causa de
la Facultad de Medicina. Contribuyó con sus cuidados, consejo y prédica en la atención de los heridos de las Revoluciones de 1897 y 1904, así como fue distinguido por el presidente Dr. Claudio Williman, designándolo en la Comisión Pacificadora frente al levantamiento de 1910.

Su pasión por los animales y la producción agropecuaria, así como su amor a la naturaleza en continuidad con su origen y crecimiento en el área rural de Treinta y Tres, la puso de manifiesto presidiendo por dos veces la Asociación
Rural del Uruguay y teniendo papel relevante en la organización, como era lo habitual en todas las actividades en que él participaba. Ese amor a los animales se consagró en la cría de caballos pura sangre, en su haras de Pando, y la
mejoría sistemática de las especies, así como en la importación de los primeros ejemplares de gatos persas que hubo en Uruguay. Asimismo fundó la Sociedad Colombófila, para el desarrollo de la cría y competición de palomas mensajeras.
Otra vertiente de este amor se manifestó en su actuación en el Jockey Club de Montevideo, que presidió por cuatro períodos, rescatándolo de difíciles situaciones económicas y financieras y permitiéndole concluir la edificación de
su lujosa sede, donde ha sido largamente reconocido con justicia, materializado en la continuidad del premio turfístico anual que recuerda su nombre, siendo la segunda mayor competencia nacional.
Docente vocacional se inició como profesor de Enseñanza Secundaria en Matemáticas, Zoología y Botánica, disciplinas estas últimas que lo consagraron a través de la obtención por concurso de su cátedra.

Fue uno de los fundadores del Balneario Atlántida, cuya casa “La Maison Bleu” mantiene vivo el recuerdo con su primitiva prestancia. Ese lugar de esparcimiento fue apropiado para reunir a colaboradores, colegas y amigos, en
el cultivo de la amistad que fue una de las constantes de su vida.
Como Decano de la Facultad de Medicina hizo gala de sus virtudes de organizador, imprimiéndole cambios fundamentales que van desde la modificación del Plan de Estudios, la promoción de la carrera docente, pasando
por la terminación del edificio central de la Facultad, la creación de cátedras e institutos y lo que más se recuerda, el impulso que dio para la concreción del sueño de levantar un Hospital Clínico. A este proyecto volcó hasta sus últimas
energías, realizando aportes fundamentales que le brindarían al País un establecimiento asistencial moderno, recogiendo las mejores experiencias recogidas a nivel internacional, documentadas en el informe que realizó como
resumen de su gira por Estados Unidos y Europa. En esa tarea bregó hasta su muerte. Muchas de las innovaciones que él incorporó, han fortalecido el cuerpo y espíritu de nuestra Medicina. Trajo al país a un numeroso grupo de
invitados extranjeros de la mayor calificación, que dictaron conferencias, conocieron y prestigiaron los servicios visitados, y tendieron lazos de amistad y cooperación con los profesionales uruguayos, a una altura que no ha sido
todavía superada. Al elaborar la Memoria de la Facultad de Medicina 1875 – 1915, plasmó la evolución histórica y la realidad de nuestra Escuela de Medicina y de las de Odontología y Química que entonces integraban la Facultad.

Consignándose los progresos realizados durante su primer ciclo de dos períodos como Decano, pero también las insuficiencias señaladas de la época: clínicas quirúrgicas que no tenían salas de mujeres, y las reclamaban, y
salas de operaciones que recibían solo la iluminación que brindaba el sol.
Su estadía temprana en Francia le contactó con las principales figuras de la naciente disciplina, quienes lideraban la enseñanza y la producción científica, para la nación gala y para amplificar la influencia que esa escuela tuvo
inicialmente para el desarrollo de la especialidad en el Río de la Plata y en América Latina.
La pericia clínica y especialmente quirúrgica de Quintela, le permitieron incurrir en exitosas cirugías para diversas patologías y especialmente en el cáncer laríngeo, de lo cual sus sucesores enriquecieron, haciendo época a nivel
universal con sus técnicas innovadoras.
La actuación política no se limitó a su participación juvenil en una revolución, sino que se hizo patente en la labor parlamentaria y la dirección partidaria, actuando como Secretario del Honorable Directorio del Partido Nacional, y
convencional de su partido. Su paso por el Parlamento, al que fue electo en dos oportunidades, pero sólo desempeñó en la primera, fue importante para conocer los resortes de la labor legislativa, particularmente en lo que fue su
actuación en la Comisión de Presupuesto, que le permitiría hacer fructíferas gestiones de futuro en favor de la Facultad para culminar sus loables propósitos.

Francisco Soca, en su discurso del 22 de octubre de 1904, en ocasión de la colocación de la piedra fundamental del edificio para la Facultad de Medicina, subrayó:
La necesidad de dejar la cultura simiesca, de imitación de lo que hacían en el exterior, para volcarse a la investigación y construir conocimiento propio.
Quintela sentó las bases para que este propósito se hiciera realidad a lo largo
de las décadas siguientes.
Su producción científica destaca por su calidad, aunque sus publicaciones hayan sido escasas, ya que se volcó a impulsar múltiples actividades que le requirieron su tiempo en el ámbito universitario, social y político.
El legado de Quintela está marcado por el ejemplo de su visión estratégica, de su compromiso en todas las actividades emprendidas, pero particularmente las que hizo en favor de su Casa de Estudios.
La trayectoria y realizaciones de Manuel Quintela se han podido rescatar gracias al estímulo de la Comisión Nacional de Patrimonio. Que en medio de la pandemia de COVID-19, en mayo de 2020 tuvo la feliz iniciativa de elegirlo como símbolo para recordarlo, rescatando y jerarquizando su figura en un homenaje nacional ampliamente merecido.

Fue un universitario ejemplar, un docente dedicado y devoto de la enseñanza, un ciudadano vigilante y atento, que desarrolló vínculos de amistad con sus colaboradores y discípulos, y contribuyó al desarrollo de la producción
nacional a través de actividades docentes, educativas, directivas, deportivas, científicas, políticas y humanas. Fue un hombre de pensamiento y de acción, enérgico, creativo y particularmente comprometido con todo lo que emprendió.
Un apasionado transformador de realidades, dotado de un excepcional pensamiento estratégico para proyectar el avance en los aspectos docentes, de asistencia y de investigación que harían brillar a la Facultad de Medicina
muchas décadas por delante. Brindándole a algunos de sus egresados la posibilidad de destacar internacionalmente, y a la vez consolidar un robusto contingente de científicos que apoyarían al país en las situaciones más difíciles,
acompañando el progreso universal de la Medicina.

Dr. Antonio Turnes

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