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Marta González: «No entiendo a la gente que no ve un artista por su ideología política»

por Marcela Fittipaldi

Protagoniza Mentiras inteligentes junto a su gran amigo Arnaldo André, Christian Sancho y Nati Figueiras y asegura que trabajar

Con una extensa trayectoria en teatro, cine y televisión,  a Marta González (76) nada la detiene. Y así como en los momentos más duros de su vida, luego de perder a su hijo Leandro en 2001, o de sufrir un ACV en 2019, su profesión fue un bálsamo que la ayudó a sanar sus heridas y transitar el dolor. En plena pandemia recorre el país con Mentiras inteligentes, la obra que protagoniza junto a Arnaldo André, Christian Sancho y Natalia Figueiras y que el viernes 24 se presentará en el teatro Niní Marshall. «La angustia todavía no se nos fue, pero por lo menos está adormecida, tranquilita», asegura sobre la situación actual en diálogo con Noticias Argentinas.

«El teatro remontó mucho en el último tiempo porque la gente tiene ganas de reírse. Con el tapabocas y todo los escuchás reír y la risa es una explosión, como un grito de libertad. Como artista, es doblemente satisfactorio», agrega con entusiasmo. Y señala que se formó un buen grupo de trabajo: «Formamos un equipo con el que dan ganas de salir escena y de seguir, porque como en el rugby hay un tercer tiempo y es el más provechoso, compartimos cenas, charlamos de cada función, de las reacciones del público que no siempre son las mismas».

La comedia cuenta la historia de Willy (Sancho), un hombre casado que se enamora de otra mujer y decide contarle a su padre, Guillermo (André), lo que está sintiendo. Alicia (González), madre de Willy, logra adivinar el secreto de su hijo y cree que Juana (Figueiras), su nuera, debe conocer  verdad. Y el encuentro entre los personajes desencadena un juego de mentiras en el que el personaje de Marta da un giro sorpresivo y cambia el rumbo de todo. «Muchos pueden pensar que la obra es machirula, pero nada que ver, porque definitivamente demuestra que las mujeres mentimos mejor que los hombres… y muchas se sienten identificadas conmigo», destaca con entusiasmo.

-¿Cuál fue tu reacción cuando te propusieron volver a hacer teatro en plena pandemia?

-Dije que sí sin dudarlo. Yo pasé muchas cosas en mi vida, pero nunca llegué a tomar medicación antidepresiva. Hasta la pandemia, porque me di cuenta todo lo que significa la palabra libertad, el hecho de no poder salir a la calle, no poder ver a la familia ni poder despedir a un ser querido que partió es terrible. Trabajo desde los 9 años que debuté en el Teatro Nacional Cervantes… ¡son varias vidas!

-¿Qué te atrajo de la propuesta?

-La obra es inteligente y tiene condimentos que la hacen muy atractivas para la gente. Por lo general, vienen muchas mujeres a vernos y cuando sale Christian Sancho en bolas pegan un grito tremendo (se ríe). A Natalia no la conocía y no solo es una excelente actriz, sino que también es muy buena persona y Arnaldo es mi amigo. Nos conocemos tanto que lo miro, tanto en el escenario como afuera del escenario, que sé lo que está pensando… ¡es como si fuera mi marido! Decía María Rosa Gallo que si nos buena persona, no podés ser actriz… aunque hay algunos hijos de puta…

-¿Te encontraste con malos compañeros a lo largo de tu carrera?

-Tuve mucha suerte, porque incluso con la gente que tenía el mote de «difícil» o de tener un mal carácter he trabajado y han sido muy amorosos. Para pelear se necesitan dos. Tenés que tener un caracter especial y yo también lo tengo.

-¿Cómo es el reencuentro con Arnaldo sobre el escenario?

-Los dos somos muy rigurosos con el espectáculo, no nos gusta tentarnos ni hacerle guiños al público fuera del libreto… De pronto vs a un espectáculo en el que los actores se ríen entre sí, me parece una falta de respeto al público y Arnaldo piensa lo mismo. Estamos en sintonía y es muy importante.

Hablar de González y de André es hablar de dos figuras destacadas y convocantes del mundo del espectáculo. Así como en la actualidad se dice que las figuras que tienen muchos seguidores en las redes sociales no necesariamente cortan tickets en el teatro, Marta recuerda que le pasó algo similar en 1967, cuando protagonizaba Ella, la gata. «Con esa tira llegamos a tener 80 puntos de rating, las provincias se paraban para vernos. Y aprovechando el éxito, el supermercado Elefante nos llevó a hacer funciones en Mar del Plata. Era una locura cómo nos recibió la gente, había tantas personas que rompieron la vidriera del local, pero en el teatro para pagar la entrada solo había 80 personas», recuerda. Y sintetiza: «Hay personajes que causan furor en el público pero que no son los que llenas los teatros de vacaciones, porque el público no paga una entrada porque los tienen gratis en su casa siempre».

Nunca quiso crearse un perfil de Twitter porque le parece que hay muchas agresiones en la redes, pero en Instagram suele compartir momentos de su vida laboral y personal. «Tengo apenas un poco más de 20 mil seguidores, me siguen personas que se identifican conmigo, por suerte tengo muchos comentarios positivos», cuenta. Sin embargo, hace unos días compartió una imagen de Evita para conmemorar la sanción del voto femenino en Argentina y recibió algunas críticas. 

«Me dijeron de todo y yo solo quise recordar una fecha importante, no dije que soy partidaria de ningún partido político. Lo de la grieta es terrible porque no podés pensar distinto. Mi mamá era peronista y mi papá, radical, y siempre había respeto por lo que el otro pensaba. Ahora no pasa, si pensás otra cosa sos malo.», reflexiona sobre la efervescencia que se vive en relación a la ideología de los artistas. 

Y para ahorrarse los malos momentos, Marta decidió «cuidar» lo que dice sobre el tema. «No entiendo a la gente que no va a ver a un artista por su ideología política. A Flor peña la amo, de un talento impresionante, ¿te parece que haga algo así porque tiene la valentía de decir lo que piensa? ¿Qué es esto? Esto no quiere decir que coincida con lo que dice, pero la respeto. Por ejemplo, pienso muy distinto a mis hermanos y los amo igual», concluyó con contundencia.

Escrito por Belén Canonico

Buenos Aires, NA

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