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Misiones alternativo: que ver por fuera de las Cataratas del Iguazú

por Diario El Este

Por la única ruta del té de Argentina, por las misiones jesuíticas más visitadas de Latinoamérica, por la gastronomía y la cultura local, y por muchísimo más, la provincia de Misiones es un pendiente turístico que todo viajero debería tachar – al menos – una vez en la vida. Y, aunque resulte increíble, el famosísimo Parque Nacional Iguazú es solo la punta del iceberg. Debajo, un listado de coordenadas alternativas que lo demuestran:

Las Cataratas del Iguazú son unas de las siete maravillas del mundo y, por supuesto, la cara más conocida del suelo misionero. Tiene sentido, pues se trata de un ícono natural argentino que deslumbra a viajeros internacionales (y locales). Por eso, dejar de conocerlas jamás fue una opción. Ahora bien, desaprovechar el viaje por tierras rojizas tampoco lo es. En esta nota listamos ocho coordenadas – y motivos suficientes – para extender la estadía y recorrer a fondo la provincia de Misiones:

Misión Jesuítica de San Ignacio Miní

He aquí la Misión Jesuítica más visitada de Latinoamérica y Patrimonio de la Humanidad declarada por la UNESCO. Bajo ambas premisas es casi imposible dejarla de lado durante una travesía misionera. Es una coordenada llena de historia que pareciera congelada en el tiempo y, sin duda, evoca una energía única. El espacio remite a uno de los tantos asentamientos jesuitas del siglo XVII. Este en particular, duró 150 años y se transformó rápidamente en uno de los sitios de evangelización de guaraníes más importantes del país.

Hoy reúne los restos edilicios de aquel momento en un ambiente cargado de paz y abrazado de colores verdes y cobrizos. Recorrerlos es una experiencia en sí misma pero, para los fanáticos de la historia, ¡también hay un museo! Y por la noche, de jueves a domingos, se organiza un espectáculo de luces y sonidos proyectados en la naturaleza que narra la historia del asentamiento desde la perspectiva guaraní. ¿Lo mejor? La entrada sale menos de 2 USD.

Y el recorrido religioso no termina aquí. También pueden visitarse las reducciones de Santa Ana, Nuestra Señora de Loreto y Santa María La Mayor. Una curiosidad: el nombre de la provincia es en honor a estas misiones.

Parque temático Cruz de Santa Ana

A solo 30 minutos del asentamiento de San Ignacio Miní se encuentra este asombroso parque rodeado de monte nativo y construido sobre el Cerro Santa Ana. Las postales son una más linda que la otra y la protagonista del lugar es su cruz homónima de 21 pisos. Y, si bien parece únicamente una enorme construcción, es un mirador que – según el clima – permite subir hasta la cima habilitando panorámicas alucinantes.

El complejo, además, es sede del único mariposario de Argentina y un orquideario con hermosas flores de colores para fotografiar. En línea con la coordenada anterior, continúa con el turismo religioso a través de varios senderos naturales que personifican las etapas del Vía Crucis.

Y, para mejorar la fórmula viajera, se suma un restaurante dentro del parque que sorprende al paladar con platos y sabores regionales como la mandioca frita y  el surubí.

Ruta del té

Lo curioso es que es la única ruta oficial del té en Argentina, pero no se trata de un recorrido que involucre el auto. Bueno, al menos no dentro de las plantaciones pero sí para llegar a Oberá, que queda a solo 3:30h de Iguazú. La experiencia sucede más específicamente en el campo Las

Camellias. Hogar, tan solo, de los cultivos de té más grandes del país.

Por aquí la propuesta es disfrutar de la madre naturaleza rodeados de colores verdes y suelos rojizos. Todo mientras se aprende sobre la historia, datos y curiosidades que involucra el proceso de la camellia sinensis (mejor llamada hoja de té). Además, se pueden visitar las plantaciones y desbloquear los sabores y blends del piso argentino. De hecho, para quienes gusten de experiencias foodies, el plan por la tarde involucra delicias locales que maridan a la perfección con esta bebida. Aparte, en verano se puede participar de la cosecha y elaboración propia del té verde junto a profesionales de la localidad.

Y, para potenciar la ecuación de relax, hay una cancha de golf de 9 hoyos en un entorno completamente único que prioriza la tranquilidad. Claro que en esas 35 hectáreas hay un espacio de práctica e instructores que confiesan todos los secretos para convertirse en un verdadero golfista.

Parque Provincial Salto Encantado

En la localidad de Aristóbulo del Valle – dentro del departamento de Cainguás – este lujo natural invita a aventureros de todo el mundo a dejarse cautivar por la selva misionera. Su cascada de 64 metros de alto es la estrella de la coordenada, a la cual se accede por varios senderos clave para los fanáticos del trekking. Además de 26 km de paseo y 120 km de selva, es un espacio que acoge a 56 especies de fauna y 324 de flora. Incluso, ¡es considerado uno de los 25 puntos estratégicos de la provincia para el avistaje de aves! Hay caminos, balcones y miradores ideales para disfrutar de la actividad. ¿La recomendación? Vestirse acorde a tan bella aventura: ropa cómoda.

Por último, gracias al restaurante dentro del parque, se dan las condiciones perfectas para un 2×1 sensorial: deleitar al paladar con sabores albicelestes y a la vista con panorámicas increíbles.

Ruta de la yerba mate

Sí, la bebida insignia del país tiene una ruta que hace honor a su cultura y producción. Y no solo eso, sino que es única en el mundo. El recorrido dura, nada más y nada menos, que 1200 km. Tanto es así que el roadtrip completo cruza todo el territorio misionero y llega hasta la provincia de Corrientes (mención aparte a otro gran secreto nacional que aloja Los Esteros del Iberá, un humedal de 12.000 km).

El camino cuenta con algo más de 200 emprendimientos de todo tipo dedicados a la yerba mate: artesanales, ecológicos e industriales. Por supuesto, el itinerario comprende el proceso productivo, así que los viajeros interesados pueden ser testigos de las plantaciones, su cosecha, secado, molienda y hasta el envasado final. Obviamente, el trayecto no se reduce a los establecimientos yerbateros, sino que sobran los paisajes, los alojamientos de alto nivel y la amadísima gastronomía local. Claro que la yerba sigue siendo protagonista en todos los casos, así que los sabores incluyen este ingrediente re versionado en múltiples propuestas: panes, quesos, helados, cervezas, y más.

Saltos del Moconá

El agua y la naturaleza son una dupla paisajística difícil de superar. Justamente por eso, los Saltos del Moconá se roban a diario corazones y suspiros viajeros. Estamos hablando de 3km de cascadas que forman una pared de agua rodeada de verde. Difícil de superar se queda corto.

Inolvidable, también.

En términos geológicos son una falla única en el mundo: un cañón donde se reúnen los ríos Yabotí, Pepirí Guazú, Uruguay, Serapio y Calixto. Están en el límite con Brasil y quedan dentro del Parque Provincial Moconá. La buena noticia es que este magnífico paisaje es de muy fácil acceso. La mala es que verlo depende mucho del cauce del río. Si es muy alto, ¡se imposibilita el paseo náutico!

Son un delirio natural que forma parte del Parque Provincial Moconá y la Reserva de Biósfera Yabotí. Áreas, dicho sea de paso, cargadas de senderos selváticos que descubren paso a paso sus tierras coloradas y vegetación espesa.

Posadas

Hay quienes pasan por Misiones sin conocer su capital, ¡y cómo se equivocan! Porque no solo es su centro comercial y una de las ciudades con más movimiento de la región, sino que en Posadas se palpita la cultura y el arte misionero.

¿Qué se puede hacer por aquí? Caminar por sus calles con destino incierto es un gran comienzo. Imperdible: el centro histórico y la Bajada Vieja, un pasaje artístico que supo ser una de las arterias más importantes de la ciudad por su camino directo hacia el puerto. También se puede pasear por Bolívar, San Lorenzo y Colón en busca de los típicos regalitos lugareños. Y otro punto clave es la Costanera. De hecho, es de los lugares más visitados por turistas y locales. Por supuesto que si de recorrerla se trata, ¡hacerlo en bicicleta es todo un plan! ¿Cuándo? Al atardecer, porque ver el naranja del sol fundirse con el agua es un espectáculo que nadie se debería perder. Además, es la zona que agrupa las mejores ofertas gastronómicas y nada mejor que un buen plato de comida local para finalizar la jornada turística.

Y, gracias a que la ciudad da al Río Paraná, los deportes náuticos también pueden incluirse en el itinerario. Canotaje, motos de agua, kayaking, pesca, ¡y mucho más!

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