Diario El Este

Inicio Opinión Movimiento Infradecadente

Movimiento Infradecadente

por Diario El Este

Nuestra columna es un bostezo a la hiperactividad informativa, un espacio de acercamiento al arte a través de propuestas semanales que inviten al lector a conectar con la amplitud y reflexión creativa.

Seguinos @movimientoinfradecadente

La Caída

Por: ​Carolina Bernachea @carolinabernachea

Ya no puedo avanzar según mis deseos. Cuando quiero precipitarme al entusiasmo este miembro poseído me delata con total falta de elegancia y estilo, dejándome en ridículo y con una gran frustración y vergüenza. Esa mirada ajena que me devuelve en un espejo, una montaña de evaluaciones que me niego a aceptar.

Todavía puedo sentir el adormecimiento de la parte superior de mi pierna izquierda. Entumecida, a veces me sumerge en un dolor ramificado que se extiende intensamente y en el que cómodamente refugio todo mi temor. Y luego va desapareciendo con el correr de las horas, desapercibido en la apabullante cotidianidad, o simplemente en el olvido.

Al cumplir los siete años mis padres me obsequiaron el móvil de mis sueños, ellos bien sabían consentir todos mis deseos. Recuerdo que desperté sobresaltado con el sonar de una campanilla aguda que repetía aceleradamente las mismas tres notas. “Rin Tilin tilin”

Me encaramé hacia la barandilla de la escalera y aceleré mis pies descalzos por los veintitrés escalones de gélido mármol hacia la planta baja. La puerta estaba abierta de par en par y por ella se asomaban unas tiras de celofán metalizado rojo y azul que giraban con el viento helado y parecían emitir luz propia. Era la envidia de todos mis amigos del barrio.

En julio el asfalto de la cuadra se cubría de una fina capa de hielo durante la noche y el aliento dejaba las palabras suspendidas en el aire unos instantes, pero toda esa magia se desvanecía con los gritos de mi madre y el sol del mediodía. Nada nos impedía salir corriendo enchaquetados hasta el pelo con todos los niños de la cuadra.

Me montaba en la bicicleta desde la doble puerta de entrada, bajando la rampa de adoquines irregulares que separaba la casa de la calle y a toda velocidad la adrenalina subía por mi estómago que apenas digería las tostadas del desayuno.

Los vecinos que salían en sus autos para ir a trabajar tenían que tener cautela con nosotros, que aparecíamos de sorpresa bajando las veredas entre los arbustos y derrapando sobre las pistas de hielo.

La caída sufrida fue el primer embate de mi pierna izquierda. Todavía recuerdo que en la mano derecha sostenía los dientes de leche que tardíamente habían decidido caer ese día y que mis amigos golpeaban frenéticamente la puerta de mi casa para avisar que ya no podía levantarme.

Fotografía: ​Carolina Bernachea @carolinabernachea

“El secreto de la restauración universal, lo encontré dentro de un huequito en sus ojos”

Santiago Alexandre  @santiago_alexandre2

RECOMENDADO DE LA SEMANA

Libro

¿A quién quiero engañar?

Por: Bruno Guerra @bgdarriulat

Ya es sabido que Dani Umpi (Tacuarembó 1974) es un artista multifacético. Es músico, artista plástico y además, (destacando esta como una de mis versiones favoritas de Umpi) es escritor.

“¿A quién quiero engañar?” es un libro de cuentos editado por criatura. Los relatos son bastante variados pero hay algo que los une, una cuota de cinismo hermoso, y a su vez (y paradójicamente) los narradores tienen por lo general un aire naif. Está plagado de personajes que lejos de ser cliché son reconocibles casi que en cualquier foro. El autor se ríe de ellos mientras los describe, o bien los encarna, o bien rodean a los protagonistas. Destaco “Los Baches”, con el que comienza el libro, un cuento que desde el vamos tiene todo para funcionar: desamor, hastío, una muerte y Leonardo Fabio.

Algo que quiero destacar en Dani Umpi es que muestra un mundo que sabemos sórdido, pero con los colores de una fiesta, con un decorado estridente, a veces caricaturesco y, obviamente, cargado de humor.

“¿A quién quiero engañar” es una lectura ágil y fácil pero no carece de profundidad. Me gusta más verlo como una instalación, que como un simple compilado de cuentos.

Publicaciones relacionadas