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Movimiento Infradecadente

por Diario El Este

Nuestra columna es un bostezo a la hiperactividad informativa, un espacio de acercamiento al arte a través de propuestas semanales que inviten al lector a conectar con la amplitud y reflexión creativa.

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Tintas de Corazón

Por: Romina Schmidt @thegirlwhocriedwolf17

Te escribo para contarte que hoy, mirando al cielo estrellado en uno de mis paseos nocturnos que tanto aborreces, me encontré pensando en el amor. ¿Qué es el amor? No creo que exista una definición universal, aunque debería buscarlo para comprobar; pero si llegara a existir, ¿realmente todos lo sentimos de la misma forma? Me niego a creer en una respuesta afirmativa para esa pregunta.

Porque nadie debe sentir lo mismo que yo siento al observar el café de tus ojos, que me transportan a todas las mañanas compartidas, los roncos “buenos días” intercambiados y los pequeños besos entre tibios sorbos. Las húmedas manchas marrones dejadas en las sábanas por no querer levantarnos, repitiendo “solo unos minutos más”.

No creo que nadie pueda comprender la calidez que me genera escuchar tu risa, ya sea provocada por alguna de mis tonterías o por nuestras bromas secretas. O tu voz hipnotizante, que sin importar verdaderamente de lo que estés hablando, es mi melodía favorita. Aunque me obsesiona cuando me cuentas sobre las cosas que te interesan realmente, y podría escucharte por horas platicar con ese tono de emoción y anhelo, con ese brillo en los ojos, porque tu felicidad solo genera más felicidad en mí.

Nadie me garantizará la seguridad sobre mí misma, tanto de forma física, como mental, para hacer todo lo que me imaginé posible, como tú lo haces. Nadie recorre mi cuerpo como lo hacen tus manos, como si fuera el objeto más valioso que han tenido el placer de tocar.

Como también creo imposible que alguien me produzca la tranquilidad que he logrado encontrar a tu lado, hasta en un lugar tan caótico como mi propia mente. Una paz que siempre fue complicada de hallar, sin saber que era tan simple como tenerte cerca de mí para finalmente obtenerla. Por eso, tu amor no me da la típica sensación de mariposas en el estómago, porque nunca me encuentro nerviosa cuando estamos juntos; al contrario, encuentro un alivio al cual acudo cuando el mundo es demasiado agobiante para mí y necesito una pausa.

Porque en tu boca encuentro el confort que necesito; en tu pecho las energías para seguir; y en tus ojos el amor que esperé recibir toda mi vida. Y no sé si estábamos destinados a ser de alguna forma; si nuestra historia estaba escrita en las estrellas o algún hilo invisible me ha guiado hacia tí. Pero se que en el momento en que mi nombre se escapó de tus labios por primera vez, nunca quise escucharlo de ninguna otra boca que no fuera la tuya.

Ahora mismo anhelo poder envolver mis brazos a tu alrededor, atándote así de alguna forma a mi vida, para no dejarte ir, aunque eso pueda ser sólo una ilusión. Disfrutar cada momento a tu lado es mi nueva misión.

Si así lo desea el destino, pronto nuestros caminos se volverán a encontrar mi amado.

“sombra” Fotografía: Josefina Cúneo @josefina.cuneo

“Es solo la belleza quien nos salva del Mundo”

Bárbara Castro @escola_de_literatura

RECOMENDADO DE LA SEMANA

Película Dune

Bárbara Castro @escola_de_literatura

Después de casi dos años esperando por su estreno, y finalmente, desde el jueves 21 habiendo mirado la película por tres veces (si, acá tenemos una nerd inconsolable), vamos a conversar un poco sobre Dune, la gran matriz de la ciencia ficción adaptada al Cine en 2021.

¿Conocen esta sensación de mirar una escena y ser cubierto por el estilo singular de determinados directores? Escala, volumen y minimalismo son características que Denis Villeneuve imprime en cada una de sus obras, envolviendo el espectador de tal forma que cuando la película termina, el mundo que nos rodea ya no es lo mismo de antes. 

La crítica no economizó en preocupación cuando se anunció una nueva adaptación de la novela de Frank Herbert. A comenzar por el desastre contundente de la adaptación tan over de David Lynch en 1984 (renegada por el propio director), seguido del segundo y fallido intento de adaptación hecho por Jodorowski (vale mucho mirar el documental Jodorowski’s Dune, de 2013), y terminando con el factor seguramente más importante: el desafío de plasmar tantos personajes, tramas, idiomas, seres, creencias y literalmente planetas distintos en un lenguaje convincente para la gran pantalla.

La astucia incomparable de Villeneuve para teñir su película de austeridad y del gigantismo tan característicos de su dirección, resultaron en una experiencia cinematográfica absolutamente solemne. La sonorización – pensemos en “La Voz” – y la Música ontológica y etérea de Hans Zimmer valoran el peso místico de la trama, del cual no se puede hacer justicia con tan solo palabras.

La filosofía política de la trama de Frank Herbert es presentada de manera abstracta, exponiendo lo esencial a través de escenas claves en donde las imágenes hacen el trabajo central. La fotografía, desde la estética y desde la narrativa son primorosas: conversan a través de sus colores y temperaturas, hablando de la teoría de la estética.

Pensemos en la escena única entre el Grotesco del barón Vladimir Harkonnen en contaste con la figura sublime y espartana del duque Leto Atreides: la mesa se hace campo de batalla y los tonos de marrón y beige iluminan de dorado el sudor del duque, sereno y valiente. O escena de la fiebre de Paul Atreides dentro de la destil-tienda, único aspecto rojo de toda la película, corriendo la especia por la sangre del Kwisatz Haderach, bendiciendo el desierto con su llanto.

Es desnecesario comentar la selección de elenco que hace Villeneuve en sus producciones, y si algún conservador del estereotipo de masculinidad que imperó en los años 90 dudaba de Chalamet para el protagonismo, la escena con la reverenda madre lo calló ya en los primeros minutos de reproducción: “remove your hand from the box, and you die.”, y nos morimos nosotros. 

La película cubre la mitad del primer libro, y la traduce de manera transparente, sin terminar de un modo anti climático. La tensión es casi meditativa, las profecías Bene Gesserit y los sueños de Paul adelantan y retuercen la narración de manera elástica y suspensa.

Muchas puertas quedan abiertas, pero si algo genera ansiedad son las ventanas que quedan semi cerradas: ¿Vamos a entrar en un sietch?, señor director, ¿hay una tensión sexual incestuosa de Lady Jéssica en relación a Paul?, ¿Vamos a volver a ver los Muad’Dibs, por favor?

En resumen una película nada menos que majestuosa. Dune es Cinema de autor, seguramente vendrá al menos la parte dos, y lo único que nos queda es obedecer al pedido del director y, siempre que posible, mirar su obra en la gran pantalla, albergados por esa magia que solo el Arte tiene.

“No hay final real. Solo existe el lugar en donde paramos la historia.”

Frank Herbert

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