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Movimiento Infradecadente

por Diario El Este

Nuestra columna es un bostezo a la hiperactividad informativa, un espacio de acercamiento al arte a través de propuestas semanales que inviten al lector a conectar con la amplitud y reflexión creativa.

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Noche en Oximoron

Escritor: Bruno Guerra   

Trinidad escucha las noticias cada nochecita un rato después de merendar. Los periodistas de televisión son, sin lugar a dudas, mucho más estúpidos que los de radio. Es claro que me desacostumbre a ver la tele, pensé que los informativos se habían extinguido en los tiempos pos-twitter. El caudal de información es tan denso que se estanca en mi flujo cerebral como en el cuello de un embudo. Nunca fui consciente de lo molesto que es hasta ahora, igual a esos ruidos que uno solo percibe cuándo desaparecen, el de un extractor por ejemplo. 

Los invitados están en camino. En la casa ahora reina el silencio.

Bárbara y Diego llegan con inquietud poética, me leen a Rimbaud mientras desdoblo el mantel y con suma delicadeza empiezo a disponer la losa formando triángulos. Mon Nom aparece repartiendo besos y rezos.

A la hora del vino casi todos los invitados están en la mesa. Todavía no es momento de hablar.

Die forcejea en el portal del mundo de los símbolos, se siente como en un reality show y le muestra la pija al panóptico. Putea a los vecinos buchones y se burla de los pedantes con pedantería, ante un mundo delirante solo se puede ser un loco, repite. Prepara el entramado, descalza sus pies enormes cubiertos por medias de rombos y se sienta a mi lado excepcionalmente callado, mira arder la leña.

El acento marítimo de Bárbara hace vibrar los vasos colmados de alcohol y la tetera humeante de Trini.

El Moro se para en un rincón con pose de revista de chimentos, fuma y clava sus ojos de James Dean en Lucía mientras ella cuenta que tiene una amiga que vivió en una casa que antes era de Chris Morena, forma círculos de cortejo con el humo que exhala.

Yago y Victor hablan de un culo que los dos conocen, se ríen sin contenerse, se empujan como adolescentes sobregirados de testosterona.

Si mis muertos viviesen, esta noche sería elegante y los placares tendrían mucho más espacio. Cambié mi rumbo repentinamente, sin darme cuenta, quise atravesar el bosque de la nigromancia y volví con noticias que quiero darle a mis amigos.

Adán prende un porro y le insiste a María de que cante. Toda la casa se llena de olor verde intenso que se mezcla con el fuego, una milonga, las carcajadas de Mica y Fiore y el rojo vivo viniendo desde la cocina.

—¿A dónde vamos luego? — pregunta el novio de Ana pero nadie contesta. Ella le da un golpe seco en la costilla mientras cambia bruscamente el tema de conversación.

Caín dice que su hermano ha caído en una depresión terrible, que no hay Dios que lo saque de la cama. Alba llega tarde, cierra una a una las cortinas y se sienta en la ronda. Me acaricia la espalda y me pide perdón.

Lucía pone Britney Spears y por un momento la reunión se vuelve fiesta. Mon Nom va al baño y abre todas las canillas para disimular. Después de la cisterna se escucha el sonido del desodorante de ambiente.

Hay un momento de silencio después de saciarnos, un instante en que parece que el temporal se ha terminado. No habrá más aliteraciones ni postergación. Ahora la quietud tiene cadencia, un ritmo sostenido que se corta abruptamente con la primera oración de la charla de sobremesa, diluyendo las palabras que estaba a punto de pronunciar. Laura dice que lo único que dignifica la tristeza es el compromiso con el arte y habla de Kurt Cobain y Sbarra.

Tengo tantas preguntas. ¿Dónde se esconde realmente Wally? ¿Cuándo nos olvidamos del triángulo de las bermudas?

—Fue un accidente, pero vamos a tenerlo — Trinidad me mira tímida con una sonrisa insegura, pero mantenida.

Lo que sigue es un momento de gestos cuidados y palabras de aliento protocolares.

Mario había limpiado todo para cuando llegó el primer taxi. San Agustín se para a mi lado en el portal, me habla al oído:

—Felicitaciones —

Me da un abrazo compacto. Adentro el resto canta como hienas los primeros versos del día. Las palabras han puesto las cosas en su sitio, a los ponchazos, sí, pero es el mejor orden al que puedo aspirar.

El Moro desapareció y Lucía está aliviada. Laura es la última en irse, le doy la comida que sobró y agradece con cansancio

Víctor y Yago ocuparon mi cama, me alejo del cuarto para no escuchar gemidos. Trini se durmió acurrucada en el sofá, con las manos en el vientre y el fuego más vivo que nunca.

La soledad es un silencio de tinnitus. La calle brilla mojada y siento el motor de los ómnibus apagar las voces. La belleza hipermoderna es una transgresión, un acuerdo de engaños, una performance de una performance. La felicidad es un trámite en lo absurdo de la existencia, y está bien, o mal, realmente no importa. No estoy preparado para nada pero me lanzo, ansío, me muerdo la lengua, dejo algo de mi carne en cada palabra.

La noche fue una pista de aterrizaje vista desde la altura. Quiero acostarme y llorar hasta que sea de noche de nuevo pero tengo trabajo que hacer y muchísima resaca.

El jardín se ha terminado y se que no habrá flores mientras siga la helada. En este día de lirios soy el príncipe oxímoron, eyecto de Epicuro, consultor y adivino de Tebas, guardián ante la peste. Mío es el enigma, la fiebre de este mundo fractal y sombrío y la mesa en la que comparto mis necesidades. Nada quedará de mi paso, ni ascuas, quizás solo el sonido del piano de mi hija rebotando en las paredes.

—¡La re puta madre! Ya no voy a tener tiempo para plantar un árbol —

Fotografía: Carolina Bernachea @carolinabernachea

“La mugre siempre queda en los lugares más oscuros ”

Romina Schmidt

Recomendado de la semana

Bárbara Castro @escola_de_literatura

Los cantos de Maldoror,

Isidore Ducasse, el Conde de Lautréamont.

1868.

Los cantos de Maldoror son una lectura necesaria, cruda y sublime en su horror poético y  exaltación al heroísmo individual dismórfico y desdichado, pero sobretodo componen, desde su raíz simbolista, un louvor al labor de la escritura, al poderío de la creación primaria desde la tinta, de los seres desencarnados de la experimentación textual, a través de imágenes únicas, narradores diluidos en Doppelgängers, lirismo digno de la generación del mestre Baudelaire y la trama grotesca expuesta al lector en la orilla del acantilado, en un avance decadentista innombrable e inigualable.

“Canta sólo para sí y no para sus semejantes. No coloca la medida de su inspiración en la humana balanza. ¡Libre como la tormenta, un día ha encallado en las playas indomables de su terrible voluntad! ¡A nadie teme si no es a sí mismo! En sus luchas sobrenaturales atacará con ventaja al hombre y al Creador”.

3 Comentarios

Anónimo 13 de junio de 2021 - 00:59

Muy interesante. Al fin alguien se acuerda de Lautréamont

Respuesta
Anónimo 11 de junio de 2021 - 20:50

👏👏👏

Respuesta
Anónimo 11 de junio de 2021 - 17:29

Me gustó mucho.

Respuesta

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