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Populismo, ideologismo o justicialismo?

por Dr. Rodolfo Barra

La conmoción por los resultados de las PASO y la crisis política que provocaron, quitaron la resonancia que merecía el artículo publicado por el Arzobispo de La Plata, Monseñor Victor Fernandez (La Nación, 16/9/21), una especie de carta abierta dirigida al Presidente Fernandez comentando las razones profundas del rechazo popular a un gobierno peronista, o que debería serlo.
La opinión de Mons. Fernandez no debe ser tomada a la ligera. Según muchos lo afirman, es una persona muy ligada al Papa Francisco, con un vínculo más fuerte y especial de lo que es regla en las relaciones de los obispos con el jefe de la Iglesia universal. Tanto es así que el entonces Cardenal Bergoglio lo llevó al rectorado de la Universidad Católica Argentina, para después el Papa Francisco elevarlo a la cima del arzobispado de La Plata, con una jurisdicción muy amplia en la Provincia de Buenos Aires y, especialmente, en el sur del cono urbano. Desde esa amplia red de parroquias, mayormente urbanas, y muchas “villeras”, Mons Fernandez seguramente habrá palpado y calibrado el estado emocional, con relación al actual gobierno, de sus feligreses, la grave situación económica por la que pasan, el grado de exclusión y marginación que, en porcentajes escalofriantes, sufren.
Victor Fernandez conoce las principales razones de la derrota, que pueden resumirse en la insensibilidad social (seguramente no intencional, sino por incapacidad) del gobierno, su olvido de la agenda peronista, y la sustitución de ésta por otra que podríamos calificar de “progre”, de un progresismo que no por ser infantil (por ejemplo, la ridícula deformación del idioma) deja de ser tremendamente dañino, con el aborto, que sesga vidas humanas, con ciertas ideas de “felicismo” hippie pasado de moda, con propuestas peligrosas como las relativas al consumo libre de drogas, con insinuaciones eutanásicas. En realidad, muchas de estas no son sólo propuestas, ya que la droga hace estragos en la juventud, las familias están destruidas, la salud pública colapsó y a los jubilados hasta les reducen la ya magra jubilación.
El artículo-carta está firmado no por el ciudadano Victor Fernandez, sino por el Arzobispo de La Plata. ¿Intromisión de la Iglesia en la política argentina? Afirmar esto importaría una grave superficialidad.
La Iglesia tiene el deber moral (además del mandato pastoral) de denunciar proféticamente las situaciones de injusticia, y de iluminar los caminos para su reparación.
El peronismo nació justicialista, es decir, su corazón doctrinario es la justicia social, a cuya realización sus gobiernos siempre tendieron, en una búsqueda que no puede sino ser permanente. Tal es su compromiso, solemnemente declarado en el Preámbulo de la Constitución de 1949: “…ratificando la irrevocable decisión de constituir una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana…”.
Esta Constitución siguió las líneas del constitucionalismo social cristiano (por ej., la Constitución italiana de 1947) inspirado, a la vez, en la Doctrina Social de la Iglesia, es decir, principios morales aplicados a la vida social expresados en documentos emanados de los pontífices y del Concilio Vaticano II. Estos documentos y los estudios de pensadores católicos (el “pensamiento social católico”) conforman lo que puede denominarse la “tradición social católica”, que es un cuerpo vivo de doctrina hoy magistralmente expuesta por el Papa Francisco.
No es equivocado sostener que el peronismo tiene su inspiración principista en aquella Doctrina Social, lo que no quiere decir que sea un movimiento confesional. Por el contrario, en el peronismo tienen cabida, en sus adherentes, militantes, cuadros y jerarquías, todas las confesiones, destacando a los evangélicos, con su fuerza de movilización y compromiso social, también los judíos y musulmanes (que han dado y dan al peronismo extraordinarios dirigentes) y, por supuesto, aquellos que no son creyentes, pero se encuentran inspirados por la misma llamada de la justicia social.
Hoy las exigencias más inmediatas de la justicia social pueden encontrarse en la regla de la “tres T”, formulada por Francisco: 1) tierra, 2) techo, 3) trabajo, lo que podría ser desarrollado, siguiendo a la Constitución justicialista de 1949, como:
1) función social de la propiedad y compromiso con el medio ambiente: “La propiedad privada tiene una función social y, en consecuencia, estará sometida a las obligaciones que establezca la ley con fines de bien común…” (art. 38), “El capital debe estar al servicio de la economía nacional y tener como principal objeto el bienestar social. Sus diversas formas de explotación no pueden contrariar los fines de beneficio común del pueblo argentino” (art. 39), “la organización de la riqueza y su explotación tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico conforme a los principios de la justicia social…” (art. 40)
2) dignidad personal, que empieza con la vivienda familiar, como expresión mínima del bienestar: “El derecho de los trabajadores al bienestar, cuya expresión mínima se concreta en la posibilidad de disponer de vivienda, indumentaria y alimentación adecuadas…” (art. 37.6)
3) en la base de todo, el trabajo, porque el trabajo es dignidad y así el peronismo es un movimiento de trabajadores: “El trabajo es el medio indispensable para satisfacer las necesidades espirituales y materiales del individuo y de la comunidad, la causa de todas las conquistas de la civilización y el fundamento de la prosperidad general; de ahí que el derecho de trabajar debe ser protegido por la sociedad, considerándolo con la dignidad que merece y proveyendo ocupación a quien lo necesite” (art. 37.1). Del derecho del trabajar se derivan: el derecho a una retribución justa; el derecho a la capacitación; el derecho a la protección de la familia; derecho al mejoramiento económico; derecho a la defensa de los intereses profesionales.
Actualmente el peronismo se encuentra asediado por dos formas de populismo. Una es la variante “progre”, sustancialmente antiperonista (en general se encuentra conformada por el “medio pelo” de los grandes centros urbanos –una suerte de pequeña burguesía intelectualoide- denunciado por Jauretche en su libro homónimo), al que desnuda Monseñor Fernandez en el artículo ya mencionado. Otra es la forma “clientelar”, “pobrista”, con menos ideología que la anterior, pero con gran avidez de poder inmediato, de poder por el puro poder.
Sostiene Francisco que las políticas populistas, sean de izquierda o de derecha, reflejan una actitud de desprecio hacia los más débiles (encíclica Fratelli tutti, Ft., 155) y una degradación del concepto de Pueblo, y junto con ella de la misma democracia (Ft. 157). Luego afirma (Ft 161): “Otra expresión de la degradación de un liderazgo popular es el inmediatismo. Se responde a exigencias populares en orden a garantizarse votos o aprobación, pero sin avanzar en una tarea ardua y constante que genere a las personas los recursos para su propio desarrollo, para que puedan sostener su vida con su esfuerzo y su creatividad. En esta línea dije claramente que ‘estoy lejos de proponer un populismo irresponsable’. Por una parte, la superación de la inequidad supone el desarrollo económico, aprovechando las posibilidades de cada región y asegurando así una equidad sustentable. Por otra parte, “los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras”. El mero asistencialismo sin desarrollo económico sustentable es causa de atraso social y envilecimiento personal. Es que “no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo”, clama Francisco en F.t., 162. Una cosa es la responsable y evangélica “opción por los pobres” y otra es el “pobrismo” populista que denuncia Francisco.
El peronismo no es “populista”, en el sentido que hemos visto arriba, un término que el mismo Francisco prefiere no utilizar por sus connotaciones demagógicas. Así, en su Mensaje del 18 de abril de 2021 el Papa señala su preferencia por el uso del término “popularismo”, para referirse al populismo no demagógico, al “populismo inclusivo”, el que dignifica, tal como lo practicaba Evita. Seguramente Francisco no ha querido utilizar el revolucionario “justicialismo”, para evitar ser comprometido en cuestiones políticas locales. Nosotros sabemos que el justicialismo es la aplicación peronista de la Doctrina Social de la Iglesia para la Argentina, sin que con ello se pretenda excluir –por el contrario, el movimiento peronista ha sido siempre convocante- a otras políticas acertadas, inspiradas en los mismos principios de justicia social.

1 Comentario

Anónimo 4 de octubre de 2021 - 16:25

Un cumulo de interpretaciones harto forzadas para hacer del peronismo , mejor del justicialismo, una cuasi virtud teologal, incluyendo a Evita como una practicante activa de una “pastoral” social que jamás sintió ni practicó.
Un discurso repleto de mentiras hecho para cautivar mentes jóvenes ávidas de justicia, frescas y cuasi vírgenes de política, que interpreta acabadamente los postulados y doctrinas del Nuevo Orden Mundial, que de nuevo nada tiene, como el catálogo donde se apoya la Revolución Molecular, rimbombantes nombres que esconden las ambiciones de poder y apetencias materiales de unos pocos alienados megalómanos del tipo que la humanidad viene soportando desde los tiempos Atilianos y Cesareos.
Leerlo, para algunos es como una revelación de un camino de esperanza. Para otros, más experimentados sus oídos a los cánticos sirenaicos o las dulces palabras de DELFOS, no es nada más que observar la cabeza y ojos de una serpiente bíblica, presta para hundir sus colmillos en el cuello del incauto. Si, convengamos que es la era del ANTICRISTO.

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