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Que no nos cueste un Perú - Diario El Este

Que no nos cueste un Perú

Gustavo Marangoni. -Politólogo

El escrutinio de las elecciones peruanas ha terminado arrojando una diferencia a favor de Pedro Castillo del 0.25 % sobre Keiko Fujimori. Como se realizaron impugnaciones no se ha proclamado oficialmente al Presidente. El país pasó obligadamente de una fragmentación partidaria extrema en la primera vuelta a una polarización agresiva en la segunda. Los políticos del Perú prometen seguir dándole desilusiones a su sociedad. Y esas promesas las cumplen. Aún con un fuerte costo para ellos. Para recorrer el itinerario de los ex mandatarios hay que transitar cárceles, morgues y escapes al exterior. Son pichones de Maquiavelos devorados por sus medios. Claro que hasta aquí todas esas desventuras no impedían ciertos resultados macroeconómicos. Pero ahora, un candidato emergente apoyado por partidos que se declaran marxistas le agregan un condimento especial. Y, así las cosas, el viejo dicho sobre “costar un Perú”, en referencia a situaciones que pueden generar grandes pérdidas de riqueza, cobra renovada actualidad. La insistencia en proclamar las virtudes de la cuadratura del círculo mete miedo y genera huidas a destinos más serenos. Además, el contexto de la región no ayuda. La pandemia, la pobreza endémica, la debilidad de los partidos de centro -que se han transformado en insípidos para muchos electorados por su falta de imaginación y audacia- alientan extremos ideológicos que llegan de la mano de carismas extravagantes y fórmulas económicas extraídas de tiendas de antigüedades. América Latina se sumerge en la irrelevancia estratégica global en el momento que sus exportaciones cotizan bien. Sorprende la insistencia en convertir las oportunidades en problemas impulsando iniciativas que ya ni siquiera garantizan el pan para hoy y el hambre para mañana. Con decisión digna de mejores causas personajes caricaturescos deciden anticipar el hambre para hoy. Si aceptamos la invitación de esa vieja canción que nos proponía “caminar por la cintura cósmica del sur” vamos a constatar que el siglo XXI ha convertido el realismo mágico de García Márquez en una mera descripción costumbrista. No es un logro literario sino un brutal retroceso conceptual. Debe preocuparnos que Macondo extienda sus fronteras y los patriarcas hayan superado el otoño para transitar primaveras autoritarias (Nicaragua, Venezuela). Sin democracias estables y dirigentes realistas la irrelevancia global está garantizada. Solo seremos el terreno del juego de otros, en el que minorías y castas privilegiadas locales monopolizarán privilegios y concesionarán riquezas a cambio de usufructos mezquinos en contextos de mayor desigualdad. Decenas de sellos de goma que se constituyeron solemnemente en nombre de la unidad latinoamericana terminaron en burocracias inútiles, fotos olvidadas y memes de las redes sociales. Los emprendimientos de cooperación e integración requieren de mucho trabajo técnico, sinergia pública y privada, y metas claras y sostenibles en el tiempo. Fue precisamente en Perú, más precisamente en Ayacucho, donde se libró la batalla final de la guerra por la independencia. En 3 años se cumplirá el bicentenario de esa gesta que unió a los mejores líderes detrás de las mejores causas. Confiemos que lleguemos a celebrar ese hito histórico en mejores condiciones que las actuales. Que, en esa oportunidad, antes que actos de luces y sonidos acompañados de discursos vacíos, nos encontremos con mandatarios dispuestos a encabezar la gesta común de la estabilidad y el crecimiento sobre la base de la inteligencia aplicada, el mérito y solidaridad articulados para atraer inversiones y generar empleos genuinos que nos acerquen a los propósitos más nobles de nuestros padres fundadores.