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Rincón Cultural: Erasmo de Rotterdam

por Damián Muñiz

Para cerrar esta etapa de filósofos renacentistas, repasaremos un poco la vida de Erasmo de Rotterdam. Filósofo humanista y teólogo cristiano neerlandés, considerado como uno de los más grandes eruditos del Renacimiento nórdico.

No sabemos cuál de las tres instituciones educativas en las que estuvo internado Erasmo fue la causante del profundo rechazo que sintió toda su vida hacia el autoritarismo que impedía pensar libremente. Como resultado, Erasmo desarrolló un sentimiento de rechazo frente a la institución y llegó a la conclusión de que tanto los colegios como las Universidades y, en general, muchas veces la misma Iglesia, impedían pensar libremente. Desde entonces se opuso a cualquier tipo de autoridad. Y lo más interesante, es que este filósofo, quizá, de los menos renombrados; se planteaba, hace 500 años la manera en que las Universidades educaban. Él se dio cuenta de que en vez de enseñarse las nuevas ideas, se seguía practicando con mucha importancia la discusión escolástica, reclamando el retorno a las fuentes genuinas, a través de la aplicación rigurosa del método histórico crítico.

Nunca dejó de luchar contra la cárcel espiritual que él observaba en todas partes, en todas las instituciones educativas, intelectuales, políticas y sociales de su época. Esto le acarrearía numerosos problemas a lo largo de su carrera.

Erasmo quería utilizar su formación universitaria y su capacidad para transmitir ideas, para aclarar las doctrinas católicas y hacer que la Iglesia permitiera más libertad de pensamiento. Pero estos objetivos no eran compartidos por muchos obispos del siglo XVI. Es importante tener en cuenta que su “guerra” no era contra los dogmas de la Iglesia, sino contra la vida moral y las prácticas piadosas externas de las personas, muchas veces incoherentes, en especial de los eclesiásticos. Creyó que su obligación era liberar a la Iglesia de la parálisis a que la condenaban la rigidez del pensamiento y las instituciones de la Edad Media.

Para despegar de sus pensamientos religiosos, elijo esta cita:

“El colmo de la estupidez es aprender lo que luego hay que olvidar”.

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