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Sexo/Vida: las mujeres y sus amantes

por Psicólogo Juan Manuel Brindisi

Un hombre para el amor y otro para vivir la vida loca; uno para la casa y los hijos y otro para gozar y sentirse “otra”. La serie Sexo/Vida, que ha alcanzado grandes niveles de audiencia en la región, cuenta la historia de una mujer que tiene su vida dividida en 2 planos: por un lado el amor y por el otro el deseo. Y, aunque lo intenta, no puede unificar en una sola persona estas 2 necesidades que tiene.
Muestra un tema muy actual, que históricamente era casi exclusivo de los varones que tenían por un lado a “la patrona, madre de sus hijos” y por el otro a su(s) amante(s). Los escenarios tradicionales caen en desuso y esto se extiende a los diferentes sexos y orientaciones.

Hacer converger en una misma persona el amor y deseo sexual no es algo voluntario, sino que guarda estrecha relación con rasgos inconscientes singulares, como una huella digital, que marcan gustos y detalles que encienden la pasión de cada uno. Muchas veces estos rasgos son desconocidos para la misma persona. Ahí reside la magia de “la piel” y la atracción entre dos seres. Eso se siente y puede encontrarse o no en la persona que se ama. Amor y deseo pueden no estar en el partenaire adecuado o que más conviene.

“Sos la mujer de otro y por eso te deseo”. ¿Y que pasa del lado del amante?
Ese hombre apuesto y audaz para la conquista, nunca dio realmente el paso de estar con ella. Todo era “hasta ahí”. Ante la mínima dificultad que aparecía él la soltaba y ella se rompía. Lo interesante es que las ganas de jugársela por esa mujer le aparecen varios años más tarde, cuando se entera que ella se casó con otro hombre y formó una familia. Recién cuando se presenta este escenario, ella cobra un valor especial para él, que no lo tuvo cuando fue su pareja.
A esto se lo que conoce como la “condición del tercero perjudicado”, que es cuando para un hombre la mujer cobra valor especial por el hecho que otro hombre (marido o novio) termina siendo perjudicado. La condición para que pueda amarla y desearla, es que esté legítimamente con otro. No tener “derecho” a ella. Cuando tiene derecho, no desea ni ama, se le cae el interés. Derecho, amor y deseo están separados en este caso.

Ninguna de estas “presentaciones del amor” son una condena que solo hay que resignarse a padecerla. Pueden, en cada caso, trabajarse para poder experimentar un amor que no sea solo repetición de los mismos embrollos, algo nuevo y un poco más satisfactorio. Donde se pueda inventar un amor más vivible.

1 Comentario

Anónimo 22 de julio de 2021 - 21:58

La vida misma de los blancos pillos.

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