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No es mi HDP - Diario El Este

No es mi HDP

Por Rodrigo Tisnés
Hace unos días, en otro ámbito, recordaba una anécdota, en la cual un presidente norteamericano en los años 40 (el protagonista varía entre Roosevelt y Truman según quien la cuente) al ser cuestionado por el apoyo de su gobierno al ‘’hijo de puta’’ de Somoza, dictador por entonces de Nicaragua, el presidente contestó: ‘’Puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta’’.
La frase la he recordado bastante estos días, no sólo por lo que simboliza, sino porque en este momento a Nicaragua la gobierna otro hijo de puta… aunque en pleno Siglo XXI, tal vez no sea buena cosa achacar los males de un hijo a la madre, sino a sus propios defectos y vicios. Resultaría más apropiada adjetivar al actual presidente del país como miserable, corrupto, mala leche, ruin, cobarde, y otros epítetos afines.
Lo peor de todo esto es que Daniel Ortega ha terminado por convertirse en una copia, barata y decadente, de lo que alguna vez combatió.
Siendo un joven estudiante universitario, Ortega se unió al recién creado Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) para enfrentar la dictadura del clan Somoza, que había pasado del ‘’hijo de puta’’ original, a uno de sus hijos: de ‘’’Tacho’’ a ‘’Tachito’’. En julio de 1979 la revolución sandinista triunfa, y Daniel Ortega, luego de la muerte en combate de la mayoría de los fundadores del FSLN, se erige como una de sus figuras en ascenso.
De esta forma se integra como miembro de la Junta de Transición Nacional, y en 1984 resulta electo presidente en las primeras elecciones libres en el país en más de 80 años. En 1990 se presenta a la re-elección y resulta derrotado por una coalición de partidos opositores, encolumnados tras la candidatura de Violeta Chamorro, primera mujer electa presidenta en Latinoamérica.
Hasta ahí todo bien. De hecho, resultaba una novedad positiva que un grupo político y guerrillero, luego de haber logrado llevar adelante la revolución para derrocar a la dictadura que gobernaba al país, no se hubiera hecho con el poder en forma casi automática. ¡No sólo eso! Se habían presentado a elecciones multipartidarias, y entregaron el poder cuando las perdieron. En aquel entonces parecía insólito. Verdaderamente revolucionario.
El problema vino después. Porque Ortega, y su compañera de vida, Rosario Murillo, de alguna forma se apropiaron de la estructura del FSLN, que comenzó a sufrir la pérdida de los antiguos cuadros revolucionarios, salvo algunos pocos que se quedaron pese al evidente desmembramiento de la antigua fuerza revolucionaria.
En 1998, la hijastra de Ortega, Zoilamérica Narvaéz Murillo, lo denunció públicamente por haber abusado sexual y psicológicamente de ella desde los 12 años.
En gran parte de Latinoamérica, y especialmente en Nicaragua, se vio en la denuncia de Zoilamérica el intento de una burda maniobra política para ‘’enchastrar’’ al antiguo líder revolucionario y principal dirigente de la oposición. Es el reflejo casi automático de la ‘’teoría de los hijos de puta’’: no importa que lo seas, si estás en mi bando.
Lo cierto es que fue denunciado penalmente, y se libró de ser procesado por violación y abuso de menores debido a que la Jueza de la causa entendió que el delito denunciado había prescrito.
En 2006, después de insistir tres veces (1990, 96 y 2001) vuelve a ganar las elecciones presidenciales. Con todo, ese segundo mandato no fue malo, e incluso ganó las elecciones de 2011, en las que fue re-electo, con un 62% de los votos emitidos.
Ya ese tercer mandato fue barranca abajo en materia de transparencia, y sobre todo, de desmadre político y desbordes autoritarios; pero el colmo en esta pronunciada decadencia moral y política, vino cuando se presentó a la segunda re-elección sucesiva, lo que sería su tercer período de gobierno consecutivo, y el cuarto en total. Para el 2016, dejando de lado cualquier asomo de vergüenza, su compañera de fórmula fue Rosario Murillo. Sí, ni más ni menos que su pareja. O sea: hoy en día, en Nicaragua, la Vicepresidenta es la Primera Dama.
Con este dato, duele pero no asombra que el proceso de degradación política y legal se haya acelerado aun más. El afán de poder de la pareja presidencial, su corrupción, los arreglos, y sus desbordes autoritarios se vieron plasmados en lo que fueron las protestas contra la reforma previsional, iniciadas en abril de 2018 y finalizadas en julio de ese año. El antiguo líder revolucionario no dudó en reprimir violentamente las protestas, que incluían a estudiantes y trabajadores. El saldo de los enfrentamientos fue de al menos 300 nicaragüenses muertos, más de 1.200 heridos, y entre 700 y 800 heridos.
Así llegamos a las protestas más recientes, las que sucedieron hace un par de días, en un año de elecciones presidenciales en el país. Elecciones a las que el binomio Ortega-Murillo piensa presentarse.
En este contexto, y luego de haberse una ley anti-terrorista en 2018 (luego de aquellas protestas) el gobierno nicaragüense ha detenido a 19 opositores políticos, incluyendo a 5 precandidatos presidenciales, una ex primera dama, dos ex vicecancilleres, un banquero, e incluso dos antiguos integrantes del FSLN. Todos ellos son acusados, bajo el pretexto de esta ley, de conspirar con poderes foráneos contra la seguridad del país.
A su vez, esta oleada de detenciones arbitrarias ha llevado a que muchos otros opositores al régimen hayan decidido exiliarse, para evitar el arresto.
Diversas figuras del arte, como el novelista Sergio Ramírez y la escritora Gioconda Belli, ambos exintegrantes del FSLN, han denunciado esta escalada de arrestos y no han dudado en calificar a la situación como una dictadura.
En un pasaje de ‘’Cien años de soledad’’, Úrsula reprende a su hijo, el Coronel Aureliano Buendía, diciéndole: ‘’Lo que me preocupa es que de tanto odiar a los militares, de tanto combatirlos, de tanto pensar en ellos, has terminado por ser igual a ellos. Y no hay ideal en esta vida que merezca tanta abyección’’.
En eso se han transformado Ortega y Murillo: en dos seres abyectos, sombras penosas de lo que fueron. Enfermos de poder. Dos hijos de puta. Pero no son mis hijos de puta.