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Un Juego de Grandes

por Diario El Este

Era 1 de Mayo del año 2008, un asado de amigos como cualquier otro…

En la sobremesa empezamos a divagar sobre que íbamos a fundar un club y que queríamos cambiar la forma en la que nos juntábamos para jugar al fútbol.

Dijimos que a partir de ese día queríamos armar Equipos de Amigos. Al final de la tarde el Club ya tenía nombre; lo llamaríamos LIFFA.

Hace 13 años comenzaba en Maldonado un movimiento singular, diferente a lo que conocíamos hasta ese momento, Un nueva forma de entretenimiento que de a poco se transformó en una manera distinta de vivir y disfrutar del deporte. Hace 13 años nacía LIFFA.

Desde su génesis tuvo una impronta desafiante hacia el status quo del fútbol como lo conocíamos. Una actitud de ¨pongamos nuestras propias reglas¨, sin subordinarse a las organizaciones que a nivel nacional y departamental marcaban el cómo.

Levantamos una bandera de total independencia desde el día uno.

De esa forma y solo de esa forma seríamos libres para JUGAR.

Porque no estaba en nuestra cabeza el competir, queríamos jugar. Establecer nuestras propias normas, modificar las reglas del juego, erradicar por completo la idea social y erróneamente aceptada de que la violencia siempre se relaciona de alguna forma al fútbol, inventar nuevas maneras de definir partidos cuando hubiesen empates, disponer de cambios y reingresos ilimitados para sacarnos las ganas de jugar y descansar cuantas veces quisiéramos, volver a la esencia, a lo más primitivo del juego, lo más lúdico, el regreso a la felicidad del niño cuando juega, pero esta vez que sea un juego de grandes.

Cuando era un niño y jugaba a la pelota en la calle o en el baldío de la esquina, el equipo se armaba con amigos. Jugaba el que la rompía, el lento, el habilidoso, el de lentes, el gordo, el flaco, el alto, el bajo, el que no sabía ni las reglas básicas, el que jugaba descalzo y el que tenía los últimos zapatos de fútbol. Una pelota medio gastada. Un par de arcos hechos con piedras y jugábamos todos.

Con el tiempo y a medida que íbamos creciendo, a los que jugaban un poco mejor empezaban a ofrecerles para ir al equipo de Baby Fútbol del barrio. A veces alguno de los que no jugaba muy bien, también tenía una chance de probarse. Nunca faltaban a los entrenamientos, pero a la hora de los partidos jugaban poco y nada, Porque pese a que éramos niños, ya nos inculcaban que lo importante era ganar. Y mi amigo rellenito y asmático no era compatible con ese objetivo.

Luego del primer filtro del Baby Fútbol, venía el segundo; las inferiores de un Club de Fútbol. Ahí prácticamente ya no hay lugar para quienes no demuestran ciertas habilidades mínimas.

En ese proceso miles de niños, niñas y adolescentes quedan por el camino. Quizás no tengan el potencial para llegar a primera, pero las circunstancias y los parámetros establecidos, les quitan la posibilidad de seguir disfrutando de este deporte y sobre todo la felicidad que nos daba juntarnos a jugar con amigos.

Porque en las estructuras de Club, no juego con quien quiero, juego con quien me indican. Y siempre el resultado es el objetivo.

No hay que dejar de reconocer el gran trabajo que hacen cientos de clubes de Baby Fútbol y de Formativas a lo largo y ancho del país generando espacios de deporte; pero para los que quedaron por el camino, estancados entre la competencia, el llegar a primera, no haber querido seguir o el no haber tenido la chance de jugar; es que se crea LIFFA.

Un lugar para todos y todas.

Dónde tu habilidad no es un factor determinante.

Para que juegues con tus amigos y amigas.

Para que inventes el nombre de Club que sientas que te representa.

Para que elijas tus colores y tu escudo

Para que propongas nuevas reglas al juego.

Para fortalecer valores a través del deporte.

Para sentirte jugador un rato cada fin de semana.

Para hacernos viejos jugando a la pelota.

Para disfrutar del juego como cuando éramos niños, pero esta vez disfrutando de un Juego de Grandes.

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