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Una breve lectura del “Albatros”, de Charles Baudelaire.

por Diario El Este

La inefable riqueza temática y estructural de la obra de Baudelaire, Les Fleurs du mal, constituye una parte importante de lo que se comprende por lírica moderna, permitiendo variadas posibilidades de lectura desde la materia prima, del producto y de su reflejo en estéticas, ideologías y doctrinas artísticas y filosóficas que tiñen nuestra actual concepción del Arte.

Este fragmento de esta lectura trae la revuelta contra el creador como eje semántico de las seis partes de la obra general, partiendo de un cristianismo desilusionado, signo del Dolor, mirando sobre todo a las “Pièces Condamnées” (poemas condenados por la censura parisina del siglo XIX), sin buscar el argumento literario de la voz poética, sino corroborar a la significación plural de una obra que profetiza el nuevo hombre.

El poema L’albatros aparece como principal símbolo redentor, refiriéndose a la no adaptación del ser más elevado y sensible en un mundo cruel, en donde habita el Mal. El Poeta inmediatamente encarnado en la figura del pájaro, exilado, martirizado y humillado en la Tierra, es, todavía, príncipe del cielo sublime y transcendental.

Los elementos grotescos tallados en la lira traen al texto los conflictos del ser particularmente decepcionado, en un proyecto poético de carácter dramático y estilístico que prenuncian no solo el Simbolismo, sino la eternidad transversal del transitorio. Los temas variantes de la tensión inicial son ordenados y coherentes, y reflejan la impotencia del hombre incompleto frente a su versión más prepotente, por él mismo nombrada de dios.

De esta manera, sus composiciones malditas tratan de la condición del Poeta con aprecio por lo que no era acepto como literatura: la consciencia del sufrimiento disonante a la aspiración por el ideal de Belleza y de Arte, un estado elevado e ideal, en donde su realidad de soledad romántica y marginalización fertilizaría flores nacidas de su espíritu hendido.

Como si reivindicara un paraíso al cual se llega vivo, L’Albatros fue inspirado en la vida dos navegantes, descrita en Les Aventures d’Arthur Gordom Pym, de Edgar Allan Poe. El yo poético argumenta el lado demoníaco de la existencia humana, condenado a frecuentar la tormenta, participar del pecado transmutado en ignorancia, y debatirse en sus infiernos internos, mientras espera valiente por la calma que se eleva por sobre las nubes.

La palabra “azur”, por ejemplo, viene del francés arcaico, y representa el estado sublime conocido por los “rois d’azur”; por otro lado las referencias visuales remeten al reconocimiento de la figura retratada: el albatros es cubierto de grandiosidad, interna y externa, y los aspectos primarios de la caracterización de las grandes aves, compañeras de viaje, introducen el modo contrario por lo cual son vistas por los navegantes.

El término “Indolents” se refiere al mundo ideal propio de la creación poética pos romántica de Baudelaire: “calme, luxe et volupté”, que, sustentados por el carácter dramático y anecdótico del poema, resultan en la significación de que el albatros llega en donde los otros no pueden llegar.

La relación establecida entre el poeta y el ave da entonces pasaje a la alegoría, o la carga simbólica de la comparación: ambos se asemejan siendo parias en esta realidad vulgar, coquetean con la exclusión del Ángel Caído, y al mismo tiempo con el mesías cristiano, como habla en su plegaria sacerdotal: “Yo les he dado tu palaba; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17.14).

 Alado como los ángeles, las alusiones al movimiento del ave hablan de la libertad del ser “vidente y visionario”. Sus alas de gigante lo impiden de moverse en un lugar hecho de suelo, habitando entonces el reino sublime del arte, ejemplificando los dos niveles dispares de interpretación inmediata del poema, concreto e infinito, absolutamente simbólicos.

El mar, misterioso como la experiencia de vida, y el barco donde se encuentra la tripulación, escenario de la humillación del albatros, son metáforas de la existencia, tan llana y linear para aquellos que se limitan a la comprensión inmediata, encontrando júbilo en el dolor ajeno y placer sensorial en el uso de otro ser. En este ambiente, el albatros, antes rey de los cielos, pasa a la posición de víctima, aunque su grandeza sea perentoria, y como un mártir avezo, habita la tormenta riéndose del archero. 

En definitiva Baudelaire no compuso una poesía agradable, tal vez porque muchas veces no sea así la vida, y de esta el poeta trató, en sus escalones más resbaladizos, sus pasiones, sus origines y miserias. En sus versos la metafísica mira lo fisiológico, el alma se revuelta contra su creador, y la desesperación humana tiene ansias por el descanso nada menos que divino.

La relación interpretativa que se puede hacer con el cristianismo no limita la interpretación, la temática o la innovación poéticas, sino posibilita un nuevo paraguas de transgresiones plurales en sí mismas, deformando el orden para volver a reconstruirlo, solidificando el terreno del arte moderno.

En resumen, la dilacerante lira de Baudelaire se alimenta del Sufrimiento. El Genio – divino o maldito – tensiona lo más horrible acantilado de todo cuanto se nombra diabólico, apropiándose del Grotesco estético, del pecado y su lujuria, del Mal como institución humana, de la embriaguez como escapismo a la alienación, y, obviamente de la muerte, el principal tema de todo el Arte, exhumando lo más vil e indecible dolor.

“El Albatros” y los otros poemas traen en si el arrebatamiento de un arte que florece el silencio, callando en Baudelaire una poética no menos que absoluta. La imperiosa soberanía se establece semánticamente, sobrepujando la superficialidad de aquel Mal con la sublime poesía de las Flores. Lo ordinario se hace humus y fertiliza el jardín de Baudelaire. Ahí está lo que más puro se podría construir a partir de lo que la teoría literaria llamó de “La consciencia del Mal”, sensible a la miseria y al deseo de restituir la pureza o la perdición eternas, versando el humano con la intimidad del yo poético conocedor del más hondo infierno y del más elevado paraíso.

Bárbara Castro, profesora de Francés y Literatura.
@escola_de_literatura (+598 92642250).

            «..esto está por empezar, por reempezar diría yo. ¿Por qué no parar acá? Descansar, ver lo que se ha hecho, necesitarnos un poco, extrañarnos…»

Con esta frase se presenta X Siglos de Cordura. Una puesta sencilla y eficiente desde lo técnico, y sostenida con un texto y actuaciones sobresalientes.

Reseña por Bruno Guerra Darriulat

  • X Siglos de Locura –

Es una experiencia que a priori podría parecer un laberinto para el espectador, pero que va cerrando todas sus puertas hasta lograr una historia redonda en la que no hay cabos sueltos, con personajes que increpan, con un halo de extrañeza pero nada lejos de la cotidianeidad.

Es de público conocimiento que el sector cultural ha sido de los más vapuleados durante la pandemia. En este sentido el teatro independiente, que siempre se ha caracterizado por sostenerse en base al esfuerzo de los equipos de cada obra, el problema se amplifica. En esta misma línea, aunque no parezca, las dificultades que hemos atravesado tras los largos meses de pandemia nos invitan a hacer un gran foco en la salud mental, y esto es más ostensible a medida que parece que la amenaza se retira.

X Siglos de Cordura nos invita a ver un mundo (que perfectamente podría ser post apocalíptico), que se construye sobre un gran hospital psiquiátrico. La realidad se corre de forma sútil, en una casa aparentemente normal, con individuos que parecen tener una vida corriente, pero que conviven entre presencias fantasmales, deseos extraños y sobre todo. En la negación. Lo cual nos recuerda aquello de que, los problemas no existen mientras no salgan de lo privado.

Vitto Robano se luce con monólogos siempre atrapantes. Jesica Maiori cambia los ritmos de la escena a su antojo y aporta algo que parece aire fresco. Martin Maristan es explosión pura y en contraparte, Agustina Trías parece encarnar una tensión interesante, en muchos niveles.

Recomiendo X Siglos de Cordura y está es una invitación a ver teatro independiente de calidad. Una obra redonda en todos los niveles.

Dramaturgia y dirección:

Mateo Altez

Actuaciones:

Martín Maristan

Agustina Trias

Vittoria Robano

Jesica Maiori

Para conseguir tu entrada tenés que escribir al 091 062 141

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