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Una lectura de la pandemia

por José Eduardo Abadi

Por José Eduardo Abadi*
Cuando se instaló la cuarentena, prácticamente, nadie dudó de su necesidad y de lo importante que era que no se demorara. Pero, más allá de su indispensabilidad, no solo es innegable su efecto nocivo en lo relativo a nuestra salud mental, sino que cada vez es más preocupante.
En función de lo mencionado y de algunas otras razones, la afortunada expresión “Quédate en casa” ha transformado el esfuerzo y la tolerancia en una vivencia de encierro insoportable que se traduce en un anonimato identitario, en un vacío que genera una soledad vincular que remite, a nivel latente, a la angustia de muerte. Por eso, pienso que el paternalismo protector del comienzo se empezó a disipar cuando empezaron a sucederse anuncios frustrantes uno tras otro.
El virus, al que se lo llama “el enemigo invisible” por su tamaño imperceptible, ha puesto en jaque al mundo en que vivimos y a las referencias que le otorgan al ser humano un sentido de seguridad y coherencia. Por su carácter inédito y sorpresivo, la situación es desconcertante. Más aún, puede resultar intolerable, porque desnuda la falacia de nuestra ilusoria omnipotencia, que había llegado a desafiar cualquier límite: la longevidad parecía ya un objetivo logrado o por lograr a corto plazo, y hasta se había empezado a soñar con la inmortalidad como el paso siguiente.
Desde la perplejidad y la vivencia de indefensión, se buscó ansiosamente pero también con ilusión y muchas veces desesperación que la ciencia, la medicina, y los investigadores brindaran las respuestas salvadoras, que permitieran que el ser humano y su don de razonar y resolver problemas volvieran a triunfar y disipar la tensión persecutoria que nuestra humana fragilidad convertía en una amenaza aterradora.
Era y es importante que un miedo útil objetive lo mejor posible la dimensión del peligro, el rival a enfrentar. Así, desde un optimismo lúcido, podremos actuar de un modo eficaz e impedir la presencia del pánico inútil, aquel que bloquea, paraliza y compromete nuestra consistencia yoica. El pesimismo subsiguiente será un tobogán a cuadros depresivos de diferente complejidad clínica que no sólo bajarán las defensas, sino que incidirán en la trama familiar y social.
Lo importante para la sociedad es recibir una información de calidad y en cantidad suficiente. Si me permiten una metáfora gastronómica: ni desnutrición ni empacho, pues ambos hacen mal. Lo obvio, si se lo repite de un modo incesante, termina por perder densidad, se banaliza y se desdibuja. Frente a nuevos desafíos, estamos exigidos a repensar, innovar y asistir de un modo original y eficaz.
Habrá que disolver fobias de distinto calibre, algunas que existían previamente y quedaron fortalecidas, y otras que habrá inaugurado esta pandemia. Y transitar los duelos por las pérdidas reales, tanto materiales como simbólicas; y sabemos que el duelo es un proceso que tiene un determinado tiempo de elaboración.
Habrá que desmantelar el miedo a la repetición de lo traumático y recuperar y fortalecer la esperanza entusiasta y nuestros ideales, y apostar con responsabilidad al interés y amor por el otro, y por el mundo.

*Médico Psiquiatra | Psicoanalista | Escritor
M.N. 44946
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www.joseeduardoabadi.com

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